Nýcolas
Poeta asiduo al portal
Mi corazón no fue hecho a medida.
Llevo un meteorito en el pecho
Que violento puede destruir la Tierra.
Cada latido es un terremoto,
Bombea sangre y babea briznas
De cristal. Allí adentro, la nostalgia
Es una muñeca de nieve con ojos
De porcelana, y cuando llora,
Mientras su mirar al cielo mira,
Nieva; gráciles copos de la esperanza
Perdida en el Paraíso que nunca fue.
No sabe escribir. La tinta virgen, un lago.
Las penas allí toman forma como un cisne,
Nadan en las sangrientas aguas del infierno
Y cantan al momento de morir, tristes.
Pero sabe muy bien vivir. Toca el piano.
Y en cada tecla deja una radiante rosa
Y en cada nota deja un amante beso
Que podría costarle un ventrículo fatimí.
¿Quién llama a la puerta cuando el silencio duerme?
Y sin embargo los corazones nunca duermen
Mientras nosotros cual fantasmas soñamos;
Caminamos a la sombra de la montaña
Con la máscara de la Ópera, nuestro puño
Tímido y latente conoce el lenguaje del volcán.
¿Por qué no dar un show en el cementerio?
Las buenas tertulias nacen en la tumba.
Revelación rebelde: el verdadero pensamiento
Nace pálido. Está hecho de huesos. Iluminado
Por la luna, y bajo su canto se va dormir.
La muerte es sólo un sueño. Y los fantasmitas
También sueñan. Algunos descansamos en el ataúd.
El cuervo es nuestra libertad. Vivimos de noche y
Por la noche, le cantamos como el lobo al brillo
De la palidez; somos los guardianes del sol, inmortales.
El fuego es eterno. Tranquilo... esta antorcha
Los iluminará a todos. ¿Es una fiesta o fin de año?
Hay una araña en los techos de la bóveda,
Tenebrosa constelación que a los pobres ilumina;
Si hoy se cae, esta obra arde. Yacen tantas tragedias
Escondidas en un ojo, bendito o desdichado quien
Pueda verlas todas. Yo ya no sé cómo escribo,
Me arranque los ojos con el bisturí de Jack, y...
Puedo ver las estrellas..., todavía puedo ver las estrellas...
¡Veo las estrellas!...
Titanic, el último sueño de Shakespeare. Me pregunto:
¿Cuántos escuchamos los ecos de la consciencia?
Todo ensueño es una primavera. Y me respondo:
¿Cantan nuestros pies por los valles del Estío?
Y yo ya ni sé nadar como el río.
Cuántos peces muertos melodías tal la hoja nos regalan.
Al tanto las hojitas se suicidan en el otoño nunca mueren.
El féretro somos todos, me dice un pensamiento
Que desconozco, son las voces de alguna erupción
En China. Pero yo ayer estuve en Australia...
Donde la muerte canta en el momento de la vida.
Sonríe el ruiseñor. El uniformado necesita un abrazo etarra.
Soy un barco que navega solitario por los mares árticos,
Enamorado de los faros, ¿cómo escapar del dulce y gélido
Besito del témpano? El sol se esconde entre las nubes...
¿Realmente?, hay poca luz entre las nieblas; la mirada
De aquella bestia impasible es nuestra guía. El hogar
Sagrado hogar de la locura. El poeta duerme en alguna
De sus vértebras. Con un espejo en cada uña,
Y dos montañas en cada palma. Él también tiene
Su amigo invisible, le trae sapos por la noche y le canta
Por el día, mientras éste duerme, y cuando se dan la mano
Para salir a pasear a orillas de los ojos del mar, se forma
Una cordillera. ¡Y no es una ilusión!, hay espectros
Campestres que caminan por la playa. Solos acompañados
Por la caricia de un viento fugaz, como la estrellita
Que contempla el poeta antes de su
Muerte.
Llevo un meteorito en el pecho
Que violento puede destruir la Tierra.
Cada latido es un terremoto,
Bombea sangre y babea briznas
De cristal. Allí adentro, la nostalgia
Es una muñeca de nieve con ojos
De porcelana, y cuando llora,
Mientras su mirar al cielo mira,
Nieva; gráciles copos de la esperanza
Perdida en el Paraíso que nunca fue.
No sabe escribir. La tinta virgen, un lago.
Las penas allí toman forma como un cisne,
Nadan en las sangrientas aguas del infierno
Y cantan al momento de morir, tristes.
Pero sabe muy bien vivir. Toca el piano.
Y en cada tecla deja una radiante rosa
Y en cada nota deja un amante beso
Que podría costarle un ventrículo fatimí.
¿Quién llama a la puerta cuando el silencio duerme?
Y sin embargo los corazones nunca duermen
Mientras nosotros cual fantasmas soñamos;
Caminamos a la sombra de la montaña
Con la máscara de la Ópera, nuestro puño
Tímido y latente conoce el lenguaje del volcán.
¿Por qué no dar un show en el cementerio?
Las buenas tertulias nacen en la tumba.
Revelación rebelde: el verdadero pensamiento
Nace pálido. Está hecho de huesos. Iluminado
Por la luna, y bajo su canto se va dormir.
La muerte es sólo un sueño. Y los fantasmitas
También sueñan. Algunos descansamos en el ataúd.
El cuervo es nuestra libertad. Vivimos de noche y
Por la noche, le cantamos como el lobo al brillo
De la palidez; somos los guardianes del sol, inmortales.
El fuego es eterno. Tranquilo... esta antorcha
Los iluminará a todos. ¿Es una fiesta o fin de año?
Hay una araña en los techos de la bóveda,
Tenebrosa constelación que a los pobres ilumina;
Si hoy se cae, esta obra arde. Yacen tantas tragedias
Escondidas en un ojo, bendito o desdichado quien
Pueda verlas todas. Yo ya no sé cómo escribo,
Me arranque los ojos con el bisturí de Jack, y...
Puedo ver las estrellas..., todavía puedo ver las estrellas...
¡Veo las estrellas!...
Titanic, el último sueño de Shakespeare. Me pregunto:
¿Cuántos escuchamos los ecos de la consciencia?
Todo ensueño es una primavera. Y me respondo:
¿Cantan nuestros pies por los valles del Estío?
Y yo ya ni sé nadar como el río.
Cuántos peces muertos melodías tal la hoja nos regalan.
Al tanto las hojitas se suicidan en el otoño nunca mueren.
El féretro somos todos, me dice un pensamiento
Que desconozco, son las voces de alguna erupción
En China. Pero yo ayer estuve en Australia...
Donde la muerte canta en el momento de la vida.
Sonríe el ruiseñor. El uniformado necesita un abrazo etarra.
Soy un barco que navega solitario por los mares árticos,
Enamorado de los faros, ¿cómo escapar del dulce y gélido
Besito del témpano? El sol se esconde entre las nubes...
¿Realmente?, hay poca luz entre las nieblas; la mirada
De aquella bestia impasible es nuestra guía. El hogar
Sagrado hogar de la locura. El poeta duerme en alguna
De sus vértebras. Con un espejo en cada uña,
Y dos montañas en cada palma. Él también tiene
Su amigo invisible, le trae sapos por la noche y le canta
Por el día, mientras éste duerme, y cuando se dan la mano
Para salir a pasear a orillas de los ojos del mar, se forma
Una cordillera. ¡Y no es una ilusión!, hay espectros
Campestres que caminan por la playa. Solos acompañados
Por la caricia de un viento fugaz, como la estrellita
Que contempla el poeta antes de su
Muerte.