Preso en los raptos de mi mudo hastío
cruza mi planta del dolor la senda,
vibra en mi esencia del sigilo el frío
sin hallar quien mi soledad comprenda.
Miro en las noches al fugaz cortejo
que de albos astros, mi mutismo velan,
y tanto es mudo su glacial reflejo
que ánima y soles en silencio vuelan.
Atarme quieren los llorosos ojos
de ángel sin alas de mi madre herida;
que en mi reserva ve solo despojos
hallando en ellos mi por qué a la vida.
Mas ni aunque en su alma mi dolor conlleva,
logra en sus ruegos de la nada el sello
romper, entonces su plegaria eleva
para en mis noches sea el cielo bello.
Luego a las voces del tumulto altivo
reprende, y dice su mentira tierna:
-Dejadle vaya del éter cautivo,
que preso va, de su nostalgia eterna-
cruza mi planta del dolor la senda,
vibra en mi esencia del sigilo el frío
sin hallar quien mi soledad comprenda.
Miro en las noches al fugaz cortejo
que de albos astros, mi mutismo velan,
y tanto es mudo su glacial reflejo
que ánima y soles en silencio vuelan.
Atarme quieren los llorosos ojos
de ángel sin alas de mi madre herida;
que en mi reserva ve solo despojos
hallando en ellos mi por qué a la vida.
Mas ni aunque en su alma mi dolor conlleva,
logra en sus ruegos de la nada el sello
romper, entonces su plegaria eleva
para en mis noches sea el cielo bello.
Luego a las voces del tumulto altivo
reprende, y dice su mentira tierna:
-Dejadle vaya del éter cautivo,
que preso va, de su nostalgia eterna-
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