Mi Desesperado Sino

Edouard

Poeta adicto al portal
Cuando me miré en el espejo sentí una gran pena, un profundo pesar. El reflejo se curvaba en innumerables lamentos de una lacerada alma castigada por ti, ¡oh!sapiencial! Muerte de destino aciago. Entonces rompí a llorar amargas llamaradas plateadas; plenas de sufrimiento inmortal que escocían en surcos venenosos mis mejillas desfloradas. Mas, por un precipitado sino llegaste tú, agraciada alma de angelical porte inmaculado. Frenaste a tiempo mi mano que portaba una pistola cargada...presta para saltarme mis salvajes sesos. Entonces agudicé mis aún húmedos ojos hacia los tuyos de un infinito esplendor divino; y me di cuenta enseguida que lo que sentía por ti era amor verdadero. Pero la degenerada melancolía que corroía mis entrañas me impulsaba acto seguido a arrebatarte un beso furibundo de odio; pues habías frustrado mis pecaminosos deseos de reunirme con el incontestable dios de los muertos. Te lo hice saber entre murmullos amargos que se esfumaban en esperanzas vacías de redentora salvación y, en un segundo, cerré los párpados para no contemplarte más.
 
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