Starsev Ionich
Poeta asiduo al portal
Mi fe
-Pastor, dime la palabra escrita en Lucas- 20, iluminame con tu discernimiento-. El pastor abre la biblia con una parsimonia angelical, alza el rostro y emite una señal al joven de bozo incipiente. !Adoremos al señor con toda nuestra energía hermano mio! -agrega el pastor oriundo de Boyacá, con un irritante acento mexicano de programa televisivo-. El joven bozo e´ lulo, pasa por cada uno de los puestos y el hermano que menos da, deposita veinte lucas en la bolsa.
Luego de algunos gritos de fervor y de un ridiculo hombre moviendo la panza y el trasero -lleno del don del espíritu santo-, de la conmoción de las muchachitas, viendo tocar el piano a un portentoso hombre de subliminal mirada verdosa..., se acerca el fin del culto. Los rayos del mediodía impactan en los ojos claros de un adolescente europeo de intercambio -por algo no está el heredero al trono de la iglesia carismática "El consolador", tocando con displicencia y arrogancia la batería electrónica-.
El mediodía y su resplandor avanzan manchando el atril de la cúpula, con rayones iridiscentes que dibujan pecados ocultos, y opacan la pintura perlada de una esplendida camioneta Hummer aparcada en el porche de la iglesia que, no precisamente es la de alguno de los congregados.
Salgo a la avenida para coger el bus, no sin antes echarme la bendición -sin que ningún hermano me observe y tenga tema para rajar luego del culto-. Saco los 1600 pesos que me han quedado, luego de dar mi pequeña pero sentida ofrenda. Doy gracias al cielo. Saco la mano y la ruta 365 hace su parada: Minuto de Dios.
-Pastor, dime la palabra escrita en Lucas- 20, iluminame con tu discernimiento-. El pastor abre la biblia con una parsimonia angelical, alza el rostro y emite una señal al joven de bozo incipiente. !Adoremos al señor con toda nuestra energía hermano mio! -agrega el pastor oriundo de Boyacá, con un irritante acento mexicano de programa televisivo-. El joven bozo e´ lulo, pasa por cada uno de los puestos y el hermano que menos da, deposita veinte lucas en la bolsa.
Luego de algunos gritos de fervor y de un ridiculo hombre moviendo la panza y el trasero -lleno del don del espíritu santo-, de la conmoción de las muchachitas, viendo tocar el piano a un portentoso hombre de subliminal mirada verdosa..., se acerca el fin del culto. Los rayos del mediodía impactan en los ojos claros de un adolescente europeo de intercambio -por algo no está el heredero al trono de la iglesia carismática "El consolador", tocando con displicencia y arrogancia la batería electrónica-.
El mediodía y su resplandor avanzan manchando el atril de la cúpula, con rayones iridiscentes que dibujan pecados ocultos, y opacan la pintura perlada de una esplendida camioneta Hummer aparcada en el porche de la iglesia que, no precisamente es la de alguno de los congregados.
Salgo a la avenida para coger el bus, no sin antes echarme la bendición -sin que ningún hermano me observe y tenga tema para rajar luego del culto-. Saco los 1600 pesos que me han quedado, luego de dar mi pequeña pero sentida ofrenda. Doy gracias al cielo. Saco la mano y la ruta 365 hace su parada: Minuto de Dios.
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