Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Mi inspiración se fue a la luna y no regresó.
No hizo ruido al irse, como hacen las cosas importantes cuando deciden abandonarnos: se deslizó entre una idea inconclusa y una palabra que no encontré a tiempo. Yo estaba ahí, tratando de decir algo que se pareciera a vos, o tal vez a mí, y de pronto el vacío.
Desde entonces escribo con ecos.
Las frases llegan a medias, como si hubieran olvidado su destino, y yo las recojo del suelo, les sacudo el polvo, intento devolverles una forma que ya no recuerdan. Pero no alcanza. Falta esa chispa que no se explica, esa manera tuya de encenderlo todo sin tocar nada.
A veces levanto la vista, como si la luna fuera a devolverme lo que se llevó, como si allá arriba estuviera guardada mi voz en una cajita torpe, esperando que yo tenga el valor de ir a buscarla. Pero no subo. Me quedo acá, midiendo la distancia entre lo que siento y lo que logro decir.
Y, sin embargo, hay noches en que algo baja.
No es la inspiración completa, no, sería demasiado fácil. Es apenas un destello, una intuición, un susurro que no se deja atrapar. Entonces escribo más rápido, como si pudiera engañarla, como si, al nombrarla lo suficiente, decidiera quedarse.
Pero siempre vuelve a irse.
Como vos.
Como todo lo que alguna vez fue necesario.
No hizo ruido al irse, como hacen las cosas importantes cuando deciden abandonarnos: se deslizó entre una idea inconclusa y una palabra que no encontré a tiempo. Yo estaba ahí, tratando de decir algo que se pareciera a vos, o tal vez a mí, y de pronto el vacío.
Desde entonces escribo con ecos.
Las frases llegan a medias, como si hubieran olvidado su destino, y yo las recojo del suelo, les sacudo el polvo, intento devolverles una forma que ya no recuerdan. Pero no alcanza. Falta esa chispa que no se explica, esa manera tuya de encenderlo todo sin tocar nada.
A veces levanto la vista, como si la luna fuera a devolverme lo que se llevó, como si allá arriba estuviera guardada mi voz en una cajita torpe, esperando que yo tenga el valor de ir a buscarla. Pero no subo. Me quedo acá, midiendo la distancia entre lo que siento y lo que logro decir.
Y, sin embargo, hay noches en que algo baja.
No es la inspiración completa, no, sería demasiado fácil. Es apenas un destello, una intuición, un susurro que no se deja atrapar. Entonces escribo más rápido, como si pudiera engañarla, como si, al nombrarla lo suficiente, decidiera quedarse.
Pero siempre vuelve a irse.
Como vos.
Como todo lo que alguna vez fue necesario.