Ruliitaa.G
Poeta recién llegado
Mis párpados cansados se abren,
y al frente el espectáculo de siempre...
aunque la neblina intensa opaque
siguen el pasado y el presente
tan simétricos como de costumbre.
Y millones de pies siguen caminando
dentro de su ego habitual muy a prisa,
no vaya a ser que la hora no los espere
o el éxito se les salga de la vista.
Me mezclo yo entre su universo extraño,
aprendo a ignorar el llanto de los niños
y el asiduo hambre de los mendigos...
castigo al corazón cuando pretenda sentir
cierro los ojos cuando procuren mirar
cubro mis oídos cuando quieran oír.
Pienso entonces socarronamente:
"¿cuando decidirán quitarse los ojos?
Sólo son espejos de su repugnancia
fiel reflejo de los seres codiciosos".
Y vuelvo a mi mundo lejos de ese averno,
cierro mis párpados para vivir de nuevo...
y ya no hay un cuervo negro
sobre la luna blanca de mis noches,
desde que encontré mi eterno anhelo
dentro de mi locus amoenus.
Cerré mis ojos, abrí mi espíritu...
acariciando lo verde me despierto,
y corro y corro libre hacia el sol
que sabe brindarme su brillo etéreo.
La inmensidad de las montañas que rodean
lo insignificante de mi soberbio cuerpo
saben demostrarme que nada reina,
ni la plata, ni la falsedad, ni el tiempo.
Y lo imperceptible me invita a volar,
desplega alas la rapidez del viento,
sabe penetrarme en lo más hondo
y llenar de tranquilidad mi adentro.
Me deleitan las aves con su canto,
o la melodía repentina del silencio,
y la pureza del incólume celeste
que deja a lo insípido muerto.
Muy dentro de mí encuentro la paz,
que se desea en un mundo perfecto...
pues la mente posee las alas albinas
que en nuestra espalda no tenemos,
y la capacidad de remontar vuelo
para llevarme a mi locus amoenus.
y al frente el espectáculo de siempre...
aunque la neblina intensa opaque
siguen el pasado y el presente
tan simétricos como de costumbre.
Y millones de pies siguen caminando
dentro de su ego habitual muy a prisa,
no vaya a ser que la hora no los espere
o el éxito se les salga de la vista.
Me mezclo yo entre su universo extraño,
aprendo a ignorar el llanto de los niños
y el asiduo hambre de los mendigos...
castigo al corazón cuando pretenda sentir
cierro los ojos cuando procuren mirar
cubro mis oídos cuando quieran oír.
Pienso entonces socarronamente:
"¿cuando decidirán quitarse los ojos?
Sólo son espejos de su repugnancia
fiel reflejo de los seres codiciosos".
Y vuelvo a mi mundo lejos de ese averno,
cierro mis párpados para vivir de nuevo...
y ya no hay un cuervo negro
sobre la luna blanca de mis noches,
desde que encontré mi eterno anhelo
dentro de mi locus amoenus.
Cerré mis ojos, abrí mi espíritu...
acariciando lo verde me despierto,
y corro y corro libre hacia el sol
que sabe brindarme su brillo etéreo.
La inmensidad de las montañas que rodean
lo insignificante de mi soberbio cuerpo
saben demostrarme que nada reina,
ni la plata, ni la falsedad, ni el tiempo.
Y lo imperceptible me invita a volar,
desplega alas la rapidez del viento,
sabe penetrarme en lo más hondo
y llenar de tranquilidad mi adentro.
Me deleitan las aves con su canto,
o la melodía repentina del silencio,
y la pureza del incólume celeste
que deja a lo insípido muerto.
Muy dentro de mí encuentro la paz,
que se desea en un mundo perfecto...
pues la mente posee las alas albinas
que en nuestra espalda no tenemos,
y la capacidad de remontar vuelo
para llevarme a mi locus amoenus.
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