Évano
Libre, sin dioses.
Cuando mueran tus manos
y tus lágrimas cejen
de fregar escaleras,
cuando ya tus rodillas
no recen a maderas
de un dios de cruz y astillas,
cuando ya mis hermanos
en ti no se reflejen.
Madre, cuando tú mueras
morirán los que tejen
nuestros lazos humanos
con besos y cosquillas.
Unirán con mundanos
nudos, cuerdas y hebillas.
Madre, cuando te mueras,
y los llantos nos dejen,
ya no seremos varas
ni olivos sin camisa,
ni nuestra andalucía
de látigos y abrojos,
ni costillas y caras
partiéndonos de risa.
¡Madre, cómo lucía
el amor en tus ojos
ante tantas avaras
ánimas sin sonrisa!
¿Y a mí, qué me impedía
vivirte sin enojos?
¿Quizás la estupidez
con la cual me degüello?
No, mi eterna niñez
huyendo a tu destello.
y tus lágrimas cejen
de fregar escaleras,
cuando ya tus rodillas
no recen a maderas
de un dios de cruz y astillas,
cuando ya mis hermanos
en ti no se reflejen.
Madre, cuando tú mueras
morirán los que tejen
nuestros lazos humanos
con besos y cosquillas.
Unirán con mundanos
nudos, cuerdas y hebillas.
Madre, cuando te mueras,
y los llantos nos dejen,
ya no seremos varas
ni olivos sin camisa,
ni nuestra andalucía
de látigos y abrojos,
ni costillas y caras
partiéndonos de risa.
¡Madre, cómo lucía
el amor en tus ojos
ante tantas avaras
ánimas sin sonrisa!
¿Y a mí, qué me impedía
vivirte sin enojos?
¿Quizás la estupidez
con la cual me degüello?
No, mi eterna niñez
huyendo a tu destello.
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