jepet
Poeta recién llegado
La métrica en la poesía.
Para comprenderla y apreciarla debo comparar al poeta con el plantador de árboles.
Existe el plantador de frutales. Los planta alineados en hileras perfectas, equidistantes, con medidas prefijadas de exquisita regularidad y simetría.
Y existe el plantador de bosques. Los esparce en el espacio con poca atención a las distancias y regularidad de distribución. Solo intenta una cierta armonía natural de conjunto que lo haga agradable.
Personalmente prefiero ser un plantador de bosques, aunque al final todo es lo mismo, ocupan, ocupamos, el espacio diáfano del silencio con palabras que, como poco, obligan a sortear el nuevo espacio con cuidado para no resultar arañado o herido; en línea recta y equidistante de la hileras medidas o zigzagueando el caos armónico.
Olvidé la vara de medir
el largo de los versos
y, el contador de silabas,
también el de los cuentos.
Con los ritmos quedos de la luz,
verso desde entonces, solo
con libertad; de oído,
con medidas del aire.
Olvidé cantar la rima a coro,
el lazador de sones
y el arrullador de gritos,
también el de sueños.
Sin corsés que marquen esas formas,
verso, ahora hueco en tedio
sin atender patrañas,
sin reflujos de baile.
Olvidé
contar
con cuentos.
Disversé
los ritmos
del aire.
Olvidé
mecer
los sueños.
Aversé
corsé
bailable.
Para comprenderla y apreciarla debo comparar al poeta con el plantador de árboles.
Existe el plantador de frutales. Los planta alineados en hileras perfectas, equidistantes, con medidas prefijadas de exquisita regularidad y simetría.
Y existe el plantador de bosques. Los esparce en el espacio con poca atención a las distancias y regularidad de distribución. Solo intenta una cierta armonía natural de conjunto que lo haga agradable.
Personalmente prefiero ser un plantador de bosques, aunque al final todo es lo mismo, ocupan, ocupamos, el espacio diáfano del silencio con palabras que, como poco, obligan a sortear el nuevo espacio con cuidado para no resultar arañado o herido; en línea recta y equidistante de la hileras medidas o zigzagueando el caos armónico.
Olvidé la vara de medir
el largo de los versos
y, el contador de silabas,
también el de los cuentos.
Con los ritmos quedos de la luz,
verso desde entonces, solo
con libertad; de oído,
con medidas del aire.
Olvidé cantar la rima a coro,
el lazador de sones
y el arrullador de gritos,
también el de sueños.
Sin corsés que marquen esas formas,
verso, ahora hueco en tedio
sin atender patrañas,
sin reflujos de baile.
Olvidé
contar
con cuentos.
Disversé
los ritmos
del aire.
Olvidé
mecer
los sueños.
Aversé
corsé
bailable.
Última edición:
:: ) , quizás un dialogo superado que la mayoría puede considerar estéril. Aunque todavía puede quien desee embarcarse en las bravías espumas de la soda.