guerrero verde
Poeta veterano en el portal.
Aún tu carne tiene puntos blancos,
aún el verde no ha consumado
tu color natural, tu ser ahumado,
aún tienes ese sabor al que estoy acostumbrado
Se que estas vacía por dentro,
que tu alma vuela por otros puertos,
se que eres naufraga de mar adentro,
se que el mar son tus lágrimas y lamentos,
y ante aquello soy por ti ahogado etéreo
Te beso y un hilo nos conecta,
no es tu saliva ni mi jadeo,
no es melancolía hecha néctar,
es quizás, mi mareo hacía tu cuerpo,
es quizás la savia de alondras erectas
en tu boca llena de recuerdos
No abres los ojos,
no brillan esas dos esferas,
no late ese músculo rojo,
no parlas esas agradables blasfemias,
no tienes esas histerias llenas de antojo
que causaron el fin de tu decadencia
No culpo a tus caprichos de mi actos,
fueron mis manos las dos artistas
que formaron sobre tu vida
muerte excesiva
y llena de suaves caricias
Te degollé con delicadeza
mientras los hilos sostenían
tu sonrisa de sublime tristeza
Te destripé como flor en primavera
para que no perezcas en mi mirar,
para que seas eterna y no quimera
Sigues recostada en nuestro lecho
sin mover tus lánguidos dedos,
por momentos cae tu mano por el lado derecho,
cae al suelo con golpe seco
haciéndome creer con recelo
que la vida ha regresado a tu templo
No aclamo un respiro en tu nariz,
es mejor así,
verte inerte y verme feliz,
no escucharte para decir,
mientras libo tu sangre en mi cáliz,
que eres mía hasta el fin
aún el verde no ha consumado
tu color natural, tu ser ahumado,
aún tienes ese sabor al que estoy acostumbrado
Se que estas vacía por dentro,
que tu alma vuela por otros puertos,
se que eres naufraga de mar adentro,
se que el mar son tus lágrimas y lamentos,
y ante aquello soy por ti ahogado etéreo
Te beso y un hilo nos conecta,
no es tu saliva ni mi jadeo,
no es melancolía hecha néctar,
es quizás, mi mareo hacía tu cuerpo,
es quizás la savia de alondras erectas
en tu boca llena de recuerdos
No abres los ojos,
no brillan esas dos esferas,
no late ese músculo rojo,
no parlas esas agradables blasfemias,
no tienes esas histerias llenas de antojo
que causaron el fin de tu decadencia
No culpo a tus caprichos de mi actos,
fueron mis manos las dos artistas
que formaron sobre tu vida
muerte excesiva
y llena de suaves caricias
Te degollé con delicadeza
mientras los hilos sostenían
tu sonrisa de sublime tristeza
Te destripé como flor en primavera
para que no perezcas en mi mirar,
para que seas eterna y no quimera
Sigues recostada en nuestro lecho
sin mover tus lánguidos dedos,
por momentos cae tu mano por el lado derecho,
cae al suelo con golpe seco
haciéndome creer con recelo
que la vida ha regresado a tu templo
No aclamo un respiro en tu nariz,
es mejor así,
verte inerte y verme feliz,
no escucharte para decir,
mientras libo tu sangre en mi cáliz,
que eres mía hasta el fin
::::