Escobedo
Poeta asiduo al portal
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Mi muerte
Fue una mañana de marzo
del año cuarenta y siete,
que en una estrecha calleja
de aquel Madrid maloliente,
nadando en charco de sangre
me vi de cuerpo presente.
Eran las claras del día,
comenzaba a pasar gente,
mas al ver la mi persona
corriendo tan mala suerte,
con sus gritos espantaron
las palomas de las fuentes.
Pues que los gritos llegaron
a oídos del sol naciente,
se asomó por los tejados
llorando mi mala muerte.
¡Malhaya quienes mataron
a este noble tan vilmente!
Tiempo ha que perseguían
mi ruina gentes muy fuertes,
que el Secretario del Rey,
el Señor Antonio Pérez,
me había tomado ojeriza
por el de Austria valerme.
Y aquí termina la historia
de porqué encontré la muerte,
cercanos ya los cincuenta,
sirviendo al de Austria fielmente.
Guárdeme el Señor la Gloria
ya que me robó la suerte.
Mi muerte
Fue una mañana de marzo
del año cuarenta y siete,
que en una estrecha calleja
de aquel Madrid maloliente,
nadando en charco de sangre
me vi de cuerpo presente.
Eran las claras del día,
comenzaba a pasar gente,
mas al ver la mi persona
corriendo tan mala suerte,
con sus gritos espantaron
las palomas de las fuentes.
Pues que los gritos llegaron
a oídos del sol naciente,
se asomó por los tejados
llorando mi mala muerte.
¡Malhaya quienes mataron
a este noble tan vilmente!
Tiempo ha que perseguían
mi ruina gentes muy fuertes,
que el Secretario del Rey,
el Señor Antonio Pérez,
me había tomado ojeriza
por el de Austria valerme.
Y aquí termina la historia
de porqué encontré la muerte,
cercanos ya los cincuenta,
sirviendo al de Austria fielmente.
Guárdeme el Señor la Gloria
ya que me robó la suerte.
Juan de Escobedo.
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