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Gracias Leaa por tu comentario. Te dejo un abrazo y saludos.El final me sorprendió, mas me hubiese gustado un desarrollo más largo dándonos a conocer el final de forma implícita.
De cualquier forma el relato me mantuvo atado, muy bueno.
eso creo mi querida amiga Marina, que no le hizo mucha gracias jejejejHas hecho una descripción verídica de lo que es un matrimonio.........ja,ja.....no,no,que es broma,¿eh?,
eso es amor y lo demás son tonterías,¡mira que venir del más allá porque te echaba de menos?,ni si quiera después de muerto te pudiste librar de ella,claro,que el hecho de que la mataras no le tuvo que hacer mucha gracia.
Una manera muy peculiar y sarcástica de tratar la relación de pareja....más allá de la muerte.
Un beso.
Gracias MARIAPAZ, un beso querida amiga.Buenos días DULCINISTA,
La risa iba elevándose cada vez que abarcaba los renglones. Buen escrito y te admiro por ello. Admiro a las personas que hacen reír, es un cualidad que a muchos nos hace falta. Pero hacer reír con nuestros propios infortunios todavía es más loable. Por eso te admiro poeta.
A propósito de almas en pena, no la de tu narración, pero son hechos reales. Existe una entre los pisos 3 al 5 del edificio donde laboro, muchas personas la han visto, la han sentido, ha rozado sus pieles con suspiros, ha dejado cambiado de lugares muchas cosas, como también provocado la ausencia de otros en sus sitios de trabajo. Quizás ella me acompaña en tan largas horas que me encuentran, creo que le gusta la música y se cansa de mi trabajo, por en ese lenguaje mudo, me indica que me vaya y le deje dormir tranquilo el resto de la noche, no sin antes, bendecirle y rezarle unas cuantas oraciones.
Mi abrazo poeta y mil bendiciones.
Gracias mi querida amiga Lou, un beso.Eladio, me ha encantado tu prosa, es una maravillosa prosa tan bien llevada que me mantuvo interesada desde principio a fin. Me hizo reir tambien. Me encanto. No cabe duda que tu naciste para escribir. Felicidades por tu gran talento literario. Te dejo todas las estrellas y reputacion de parte pues el sistema no me deja. Un abrazo amigo Eladio de tu amiga Lou.
Gracias de nuevo amiga,Jajaja. Vuelvo a leerte y me has
hecho reir con tu relato otra vez
amigo Eladio. Eres genial. Pero mira
como son las cosas. Ahora vuelven
a estar juntos por toda la eternidad.
Ahora si que no te salva nadie.
Ha sido un gran placer leerte.
Saludos.
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::Gracias por tu comentario,hermoso muy bello
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Ayer volvió mi mujer a casa. Llamaron a la puerta y abrí, pero no había nadie, así que cerré la puerta de nuevo y volví a la biblioteca con la intención de seguir leyendo un poema de Horacio titulado Beatus Ille. Estaba casi acabando su lectura cuando volvieron a llamar, por lo que me levanté de nuevo y abrí; y allí estaba Catherina, la mujer con la que había estado casado cerca de treinta años. Estaba muy cambiada desde la última vez que la vi; siempre había sido muy hermosa, pero verla frente a mí con el cabello alborotado y el vestido tan raído que parecía que había sido roído por un ejército de ratas, la verdad es que no me produjo ningún placer, sino todo lo contrario, repulsión y terror. De un manotazo me apartó a un lado y entró en la casa; lo miraba todo como si no lo hubiese visto nunca, con extrañeza, ella, que era la verdadera dueña de la casa cuando nos casamos.
- Ahora que te he encontrado, ya no me separaré de ti-, fueron las únicas palabras que pronunció.
No llevaba ninguna clase de equipaje. Subió las escaleras hasta el piso superior y entró en la que había sido su habitación, utilizada entonces por mí para almacenar toda clase de cosas: desde libros rotos en espera de un arreglo y ropa muy usada esperando ser regalada o tirada a la basura hasta carpetas conteniendo mis escritos, ya que soy aficionado a escribir tanto poemas como relatos. Había cambiado su aspecto físico, pero no su carácter que seguía siendo irascible; lo comprobé cuando la vi sacar todas las cosas de la habitación y tirarlas escaleras abajo: libros, pantalones, bolígrafos, pisapapeles, folios de papel escritos con mis invenciones literarias, todo quedó esparcido por los escalones de mármol. La odié. Deseé verla muerta, es más, la hubiese matado con mis propias manos si no lo hubiese hecho ya anteriormente. Lo que no comprendía es cómo podía una persona muerta entrar de nuevo en el mundo de los vivos. De pronto, como un relámpago, cruzó por mi mente una idea aterradora: ¿y si ella estaba viva y el muerto era yo?, pero enseguida deseché tal locura, ya que recordaba con claridad haber asistido a su entierro. Y entonces lo comprendí todo: yo también estaba muerto, y ella, desde el más allá, me había buscado hasta dar conmigo, para que mi vida, infernal cuando vivíamos juntos, continuase siendo un infierno una vez muerto.
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Eladio Parreño Elías
19-Marzo-2012
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