Mi niña

lomafresquita

Poeta que no puede vivir sin el portal
Mozuela, ¿te acuerdas cuando eras vieja? María escuchó estas palabras como un soplo, que a través del oído, le inundó los sentidos. Habría sido vieja alguna vez y ahora, después de un largo sueño,despertó nueva y sin vejez.

"La verdad que no lo entiendo", se dijo así misma, deseando que fuese cierto, por primera vez y sin descontento.

La niña continuó su camino y dejó atrás todo el chiquillerío, que de una manera u otra pretendía llamar su sentido. Ella lo observaba todo como si lo estuviera redescubriendo, como si recreara cada momento.

Se envolvía en la tarde de primavera, dejando que el olor a flores le embargara el aliento; que la fresca brisa le acariciara su cuerpo, que la vida entera se le ofreciera para saborearla, toda ella, con un lametón a tiempo.

Después de una hora alejada de casa, sintió el deseo de volver. Al llegar, encontró la puerta entreabierta. Un gato asomaba su cabeza por entre las cortinas que protegían la puerta del radiante sol y de las miradas inquietas. No era su gato, sino el de la vecina, que acudía allí con frecuencia para compartir fantasías.

María se sentía gato, ronroneaba al unísono y acariciaba a su amigo más inmediato. La niña lo observaba, lo envolvía en un trapo y acurrucándolo, lo mecía un rato:
A la nana nanita,
nanita, ea...
mi dulce gatito
dormido queda.
Duerme tranquilo
que tu sueño es hermoso,
alguien te vigila
llena de gozo.

Su madre, apareció en ese momento, con gesto de preocupación y le preguntó a María que dónde había estado. A lo que ella respondió: viajando en el pasado.

Unos niños le habían dicho que antes fue mayor . Ella trataba de recordar, de buscar en su interior algún recuerdo bonito y lleno de color. Que era imposible haberlo olvidado, pero mirando a los ojos de su madre, se le olvidó todo el pasado. No había nada tan hermoso mirando esos ojos claros, llenos de pasión y llenos de llanto.

- Mamá, quiero recordar, recordar mi pasado.
- No te preocupes hija, por los tiempos pasados; que lo pasado , pasado está. Ahora toca el presente, vívelo como un canto.
- Un canto de pan quiero, mamá. Un canto con aceite y sal, que su sabor me haga regresar, aquí donde tú estás.
- Ahora te doy lo que me pides y te daría más. Llenaría tu corazón, mi niña,con lo que te alegrara más. Algo bonito y hondo que tus entrañas recibieran como si de nata fuera.
- No me mires así madre, que tus palabras ya me hablan, de lo mucho que me quieres, de lo mucho que me amas. Dame aquello que tengas en casa, que para mí será un manjar que de tus manos resbala.

María se la quedó mirando un ratito embelesada. Su madre entró algo pensativa, algo ensimismada. ¿Por qué su hija le contaba esas cosas tan raras? No son cosas de chiquillas, ellas piensan en muñecas y fantasías animadas. Fuera como fuese, María era María, su hija preciosa y no una extraña. Ella le ayudaría a navegar por su mar arrebolada. Le acompañaría allí donde fuese, a los confines del mapa.

En su casa había un corral con un olivo y una parra. El olivo plateado con aceitunas negras y verdes. óvalos brillantes que a María le encantaban. De la parra colgaban hilitos verdes con uvas redondeadas, aún sin madurar, aún deseadas. María se sentó al lado de la parra, sin dejar de mirar y mirar algo que la deslumbraba. No era el sol, ni el brillo en las ramas, sino un caracol que los cuernos le sacaba. Ella lo observó y miró cómo su huella dejaba.¿Qué sentía el caracol para cargar con su casa? ¿Sentiría timidez o pesada carga? No lo sabría nunca, porque el caracol no hablaba. Sí quería, dejar su huella. Pero ¿a quien le interesaba? María pensó en esto: quería dejar una huella, honda y clara, que nadie la pisase para que ella algún día la encontrara; no quería vagar y vagar por tierras lejanas, donde antes nadie pisó ni habría quien pisara. Sino encontrar su huella, una pisada clara, donde su zapato entrara. Algo que la acogiera de manera familiar y no vaga.

Allí en el corral pasó unas horas hasta que llegó la noche serena y clara. Su madre le trae la cena: leche de cabra con sopas de avena, endulzadas con azúcar y canela en rama. Ella le pregunta que dónde va el día cuando la noche acampa. Nadie le contesta, nadie le aclara. La niña insiste y su madre responde calmada:

- María, al día se le acaban sus luces y llama a la noche para que cuelgue uno a uno todos sus faroles; mañana amanecerá un nuevo día, mejor que el que tú ya conocías.
- Duerme contenta, mi vida, que tú y el día dormiréis en la misma cama ya mullida.

La noche la mece, le canta una nana; el gatito dormía en sus brazos y ella flotando en la nada.

Los albores de la mañana ya entran por la ventana.

Las mariposas de la noche palpitan medio apagadas. María aún duerme un sueño dulce como la miel, con la piel rosada del atardecer.

Una voz cantarina la atrae, la despierta y la entusiasma:
- ¡Arriba, niña mimada ! ¿No hueles el día que ya entra por tu ventana?
- Me voy a trabajar antes que despunte el alba, pronto el sol estará en su cumbre y yo en el fondo de una franja. La tierra a ambos lados, yo evitando que se caiga. Este hoyo que estoy haciendo, será el sitio donde crecerá un olivo de verdes ramas; olivo que no alimentará la vida de quien lo labra. Pero tú María, hoy mismo tendrás este hoyo en tu pan, lleno de aceite con sal.

Su padre le hablaba y hablaba, mientras María escuchaba.
Luego más tarde visitaría esa franja de tierra húmeda recién arrancada. Acompañaría a su madre llevando el almuerzo de su padre en una fiambrera hecha de esparto trenzado. Por el camino iría oliendo a campo, pisando mil chinitas de arena y barro; cruzarían un arroyuelo transparente y claro, recogiendo mil aromas y sabores de antaño.

Su madre divisó a lo lejos, una figura familiar de pelo rubio y rizado.

-Mira María, allí está quien buscamos. Es tu padre, mi niña, tu padre que está trabajando; buscando nuestro sustento con sudor no amargo.

La niña se fué corriendo y se tiró a sus brazos. Brazos que la recibieron con dulce quebranto:
- Aquí viene mi bien, mi dicha y mi agrado. ¿ Qué me traes? nada me alegra más que tu abrazo.
- Te traigo comida, padre, y a mi madre que te abrace.

Con cansancio, sudor y hambre, el hombre abre su mochila manchada de aceites y panes. Todo le parece abundante. Abundante de placeres que le transportan a mil ciudades donde no se labora agotado, sino a partes iguales.

- ¡Adios, amores míos! Volveremos a vernos más tarde. Será cuando el día se acabe y llegue la noche para reposar sin reproches.

Los días transcurrían en pesada calma sin que nada los perturbase. María crecía y crecía, siendo la misma de antes.

María se hizo joven, planteandose otros interrogantes. La vida es un misterio. Un misterio constante. Se decía para sus adentros y sin llegar a ninguna parte. ¡Qué triste es vivir, vivir con tanto interrogante! El origen de la vida, no hay quien me convenza con una respuesta tan grande. ¿Por qué estoy aquí? ¿ Dónde estaba antes? ¿ Dónde llegaré? ¿ Llegaré a alguna parte?...

María se convenció en vivir, sólamente en vivir, mientras llegaba a esa otra parte. Dejarse arrastrar por la corriente ambulante. Vivir intensamente cada minuto y cada instante. Prolongar los momentos , esos momentos con lastre. Dejar la huella indeleble del caracol para que la encuentre, quien la busque y ame.

Como vorágine pasajera, la vida de María transcurrió. Pasó su infancia; su juventud tempranera. Pronto conoció el amor. No el amor a ella. La vida era atractiva,atractiva y bella. Todo escondía alguna sorpresa y reunía encanto para disfrutarlo a manos llenas. ¡Con amor todo prospera! ...

Te conoció a tí y concentró en tí la Naturaleza. El Universo se disolvió, rompió su esfera, cuando tú le dijiste que podías vivir sin ella. María, quedó callada, pensativa y etérea: seguiré mi camino, buscaré otra esfera, que me haga recordar aquello que tú eras. Volverás algún día,si de verdad me quisieras.

Así transcurre todo, mi niña María sigue buscando y buscando algo que no encuentra, mientras sigue en la vida trasiega que trasiega...
 
Última edición:
Un relato melancólico, bueno, bello y profundo el recordar una niñez y una vida que se deja fluir, llevar por otros...y, claro, es lo que ocurre si eres cometa, que estás a la merced del viento y cuando éste cambia, la cometa cae y espera la llegada de aires nuevos. Me encantó tu narración. Todo un placer el haberla leído y saludarte.***************************
 
Gracias sanchopanza. Perdona mi tardanza en responderte. Tu comentario me anima a seguir escribiendo. No me gusta ser cometa porque alguien me tiene sujeta, pero si me suelta estoy a merced de los vientos y tampoco soy libre. No sé hasta qué punto podemos considerarnos libres. Besos.
Un relato melancólico, bueno, bello y profundo el recordar una niñez y una vida que se deja fluir, llevar por otros...y, claro, es lo que ocurre si eres cometa, que estás a la merced del viento y cuando éste cambia, la cometa cae y espera la llegada de aires nuevos. Me encantó tu narración. Todo un placer el haberla leído y saludarte.***************************
 
Muy bonito relato presentado en prosa versada, por el que nos conduces por la eterna juventud que todos llevamos por mucho que pasé el tiempo, el recuerdo será imperecedero y cuanto más años somos capaces de andar más presente lo tenemos.
Me ha gustado la forma narrativa, con poema incluido, se me asemeja el estilo de algún autor que hay por hay en las catacumbas de la Prosa, seguro que te habrá leído y se ha fijado de tu estilo.
Felicidades.

 
Un relato cantarín y tierno... Precioso Lomafresquita. Muchas gracias por compartirlo. Un placer

Abrazos
 
Gracias Antonio por tu excelente comentario. En él has recogido gran parte de lo que yo quería transmitir al escribir este relato.Besos sonoros.
Muy bonito relato presentado en prosa versada, por el que nos conduces por la eterna juventud que todos llevamos por mucho que pasé el tiempo, el recuerdo será imperecedero y cuanto más años somos capaces de andar más presente lo tenemos.
Me ha gustado la forma narrativa, con poema incluido, se me asemeja el estilo de algún autor que hay por hay en las catacumbas de la Prosa, seguro que te habrá leído y se ha fijado de tu estilo.
Felicidades.
 
Felicidades lomafresquita, por este bello y entrañable escrito. Por esta prosa que me ha gustado tanto. Que bien escribes chiquilla, que bonito y con cuanto sentimiento. Pones el corazón en cada palabra y al leerlo uno percibe ese amor y esa entrega por lo que se está escribiendo y el resultado es magnifico. Consigues la conexión entre tu y el lector de una manera sencilla, amena, entrañable.
Que lastima que no pueda dejarte Reputación, la tienes merecida. Te dejo todas las estrellas y un abrazo fuerte amiga y poeta.
 
Gracias Rafael por tu cariñoso comentario. Me alegra que te haya gustado. Tu presencia en mis letras es para mí lo más gratificante. Valoro tu amistad como el mayor de los tesoros. Un besazo de corazón.

Felicidades lomafresquita, por este bello y entrañable escrito. Por esta prosa que me ha gustado tanto. Que bien escribes chiquilla, que bonito y con cuanto sentimiento. Pones el corazón en cada palabra y al leerlo uno percibe ese amor y esa entrega por lo que se está escribiendo y el resultado es magnifico. Consigues la conexión entre tu y el lector de una manera sencilla, amena, entrañable.
Que lastima que no pueda dejarte Reputación, la tienes merecida. Te dejo todas las estrellas y un abrazo fuerte amiga y poeta.
 
Mozuela, ¿te acuerdas cuando eras vieja? María escuchó estas palabras como un soplo, que a través del oído, le inundó los sentidos. Habría sido vieja alguna vez y ahora, después de un largo sueño,despertó nueva y sin vejez.

"La verdad que no lo entiendo", se dijo así misma, deseando que fuese cierto, por primera vez y sin descontento.

La niña continuó su camino y dejó atrás todo el chiquillerío, que de una manera u otra pretendía llamar su sentido. Ella lo observaba todo como si lo estuviera redescubriendo, como si recreara cada momento.

Se envolvía en la tarde de primavera, dejando que el olor a flores le embargara el aliento; que la fresca brisa le acariciara su cuerpo, que la vida entera se le ofreciera para saborearla, toda ella, con un lametón a tiempo.

Después de una hora alejada de casa, sintió el deseo de volver. Al llegar, encontró la puerta entreabierta. Un gato asomaba su cabeza por entre las cortinas que protegían la puerta del radiante sol y de las miradas inquietas. No era su gato, sino el de la vecina, que acudía allí con frecuencia para compartir fantasías.

María se sentía gato, ronroneaba al unísono y acariciaba a su amigo más inmediato. La niña lo observaba, lo envolvía en un trapo y acurrucándolo, lo mecía un rato:
A la nana nanita,
nanita, ea...
mi dulce gatito
dormido queda.
Duerme tranquilo
que tu sueño es hermoso,
alguien te vigila
llena de gozo.

Su madre, apareció en ese momento, con gesto de preocupación y le preguntó a María que dónde había estado. A lo que ella respondió: viajando en el pasado.

Unos niños le habían dicho que antes fue mayor . Ella trataba de recordar, de buscar en su interior algún recuerdo bonito y lleno de color. Que era imposible haberlo olvidado, pero mirando a los ojos de su madre, se le olvidó todo el pasado. No había nada tan hermoso mirando esos ojos claros, llenos de pasión y llenos de llanto.

- Mamá, quiero recordar, recordar mi pasado.
- No te preocupes hija, por los tiempos pasados; que lo pasado , pasado está. Ahora toca el presente, vívelo como un canto.
- Un canto de pan quiero, mamá. Un canto con aceite y sal, que su sabor me haga regresar, aquí donde tú estás.
- Ahora te doy lo que me pides y te daría más. Llenaría tu corazón, mi niña,con lo que te alegrara más. Algo bonito y hondo que tus entrañas recibieran como si de nata fuera.
- No me mires así madre, que tus palabras ya me hablan, de lo mucho que me quieres, de lo mucho que me amas. Dame aquello que tengas en casa, que para mí será un manjar que de tus manos resbala.

María se la quedó mirando un ratito embelesada. Su madre entró algo pensativa, algo ensimismada. ¿Por qué su hija le contaba esas cosas tan raras? No son cosas de chiquillas, ellas piensan en muñecas y fantasías animadas. Fuera como fuese, María era María, su hija preciosa y no una extraña. Ella le ayudaría a navegar por su mar arrebolada. Le acompañaría allí donde fuese, a los confines del mapa.

En su casa había un corral con un olivo y una parra. El olivo plateado con aceitunas negras y verdes. óvalos brillantes que a María le encantaban. De la parra colgaban hilitos verdes con uvas redondeadas, aún sin madurar, aún deseadas. María se sentó al lado de la parra, sin dejar de mirar y mirar algo que la deslumbraba. No era el sol, ni el brillo en las ramas, sino un caracol que los cuernos le sacaba. Ella lo observó y miró cómo su huella dejaba.¿Qué sentía el caracol para cargar con su casa? ¿Sentiría timidez o pesada carga? No lo sabría nunca, porque el caracol no hablaba. Sí quería, dejar su huella. Pero ¿a quien le interesaba? María pensó en esto: quería dejar una huella, honda y clara, que nadie la pisase para que ella algún día la encontrara; no quería vagar y vagar por tierras lejanas, donde antes nadie pisó ni habría quien pisara. Sino encontrar su huella, una pisada clara, donde su zapato entrara. Algo que la acogiera de manera familiar y no vaga.

Allí en el corral pasó unas horas hasta que llegó la noche serena y clara. Su madre le trae la cena: leche de cabra con sopas de avena, endulzadas con azúcar y canela en rama. Ella le pregunta que dónde va el día cuando la noche acampa. Nadie le contesta, nadie le aclara. La niña insiste y su madre responde calmada:

- María, al día se le acaban sus luces y llama a la noche para que cuelgue uno a uno todos sus faroles; mañana amanecerá un nuevo día, mejor que el que tú ya conocías.
- Duerme contenta, mi vida, que tú y el día dormiréis en la misma cama ya mullida.

La noche la mece, le canta una nana; el gatito dormía en sus brazos y ella flotando en la nada.

Los albores de la mañana ya entran por la ventana.

Las mariposas de la noche palpitan medio apagadas. María aún duerme un sueño dulce como la miel, con la piel rosada del atardecer.

Una voz cantarina la atrae, la despierta y la entusiasma:
- ¡Arriba, niña mimada ! ¿No hueles el día que ya entra por tu ventana?
- Me voy a trabajar antes que despunte el alba, pronto el sol estará en su cumbre y yo en el fondo de una franja. La tierra a ambos lados, yo evitando que se caiga. Este hoyo que estoy haciendo, será el sitio donde crecerá un olivo de verdes ramas; olivo que no alimentará la vida de quien lo labra. Pero tú María, hoy mismo tendrás este hoyo en tu pan, lleno de aceite con sal.

Su padre le hablaba y hablaba, mientras María escuchaba.
Luego más tarde visitaría esa franja de tierra húmeda recién arrancada. Acompañaría a su madre llevando el almuerzo de su padre en una fiambrera hecha de esparto trenzado. Por el camino iría oliendo a campo, pisando mil chinitas de arena y barro; cruzarían un arroyuelo transparente y claro, recogiendo mil aromas y sabores de antaño.

Su madre divisó a lo lejos, una figura familiar de pelo rubio y rizado.

-Mira María, allí está quien buscamos. Es tu padre, mi niña, tu padre que está trabajando; buscando nuestro sustento con sudor no amargo.

La niña se fué corriendo y se tiró a sus brazos. Brazos que la recibieron con dulce quebranto:
- Aquí viene mi bien, mi dicha y mi agrado. ¿ Qué me traes? nada me alegra más que tu abrazo.
- Te traigo comida, padre, y a mi madre que te abrace.

Con cansancio, sudor y hambre, el hombre abre su mochila manchada de aceites y panes. Todo le parece abundante. Abundante de placeres que le transportan a mil ciudades donde no se labora agotado, sino a partes iguales.

- ¡Adios, amores míos! Volveremos a vernos más tarde. Será cuando el día se acabe y llegue la noche para reposar sin reproches.

Los días transcurrían en pesada calma sin que nada los perturbase. María crecía y crecía, siendo la misma de antes.

María se hizo joven, planteandose otros interrogantes. La vida es un misterio. Un misterio constante. Se decía para sus adentros y sin llegar a ninguna parte. ¡Qué triste es vivir, vivir con tanto interrogante! El origen de la vida, no hay quien me convenza con una respuesta tan grande. ¿Por qué estoy aquí? ¿ Dónde estaba antes? ¿ Dónde llegaré? ¿ Llegaré a alguna parte?...

María se convenció en vivir, sólamente en vivir, mientras llegaba a esa otra parte. Dejarse arrastrar por la corriente ambulante. Vivir intensamente cada minuto y cada instante. Prolongar los momentos , esos momentos con lastre. Dejar la huella indeleble del caracol para que la encuentre, quien la busque y ame.

Como vorágine pasajera, la vida de María transcurrió. Pasó su infancia; su juventud tempranera. Pronto conoció el amor. No el amor a ella. La vida era atractiva,atractiva y bella. Todo escondía alguna sorpresa y reunía encanto para disfrutarlo a manos llenas. ¡Con amor todo prospera! ...

Te conoció a tí y concentró en tí la Naturaleza. El Universo se disolvió, rompió su esfera, cuando tú le dijiste que podías vivir sin ella. María, quedó callada, pensativa y etérea: seguiré mi camino, buscaré otra esfera, que me haga recordar aquello que tú eras. Volverás algún día,si de verdad me quisieras.

Así transcurre todo, mi niña María sigue buscando y buscando algo que no encuentra, mientras sigue en la vida trasiega que trasiega...

Lomafresquita
un bello relato como lleno de magia
que se presta a la reflexión
fluido y profundo
estrellas y cariños
Ana
 
Mozuela, ¿te acuerdas cuando eras vieja? María escuchó estas palabras como un soplo, que a través del oído, le inundó los sentidos. Habría sido vieja alguna vez y ahora, después de un largo sueño,despertó nueva y sin vejez.

"La verdad que no lo entiendo", se dijo así misma, deseando que fuese cierto, por primera vez y sin descontento.

La niña continuó su camino y dejó atrás todo el chiquillerío, que de una manera u otra pretendía llamar su sentido. Ella lo observaba todo como si lo estuviera redescubriendo, como si recreara cada momento.

Se envolvía en la tarde de primavera, dejando que el olor a flores le embargara el aliento; que la fresca brisa le acariciara su cuerpo, que la vida entera se le ofreciera para saborearla, toda ella, con un lametón a tiempo.

Después de una hora alejada de casa, sintió el deseo de volver. Al llegar, encontró la puerta entreabierta. Un gato asomaba su cabeza por entre las cortinas que protegían la puerta del radiante sol y de las miradas inquietas. No era su gato, sino el de la vecina, que acudía allí con frecuencia para compartir fantasías.

María se sentía gato, ronroneaba al unísono y acariciaba a su amigo más inmediato. La niña lo observaba, lo envolvía en un trapo y acurrucándolo, lo mecía un rato:
A la nana nanita,
nanita, ea...
mi dulce gatito
dormido queda.
Duerme tranquilo
que tu sueño es hermoso,
alguien te vigila
llena de gozo.


Su madre, apareció en ese momento, con gesto de preocupación y le preguntó a María que dónde había estado. A lo que ella respondió: viajando en el pasado.

Unos niños le habían dicho que antes fue mayor . Ella trataba de recordar, de buscar en su interior algún recuerdo bonito y lleno de color. Que era imposible haberlo olvidado, pero mirando a los ojos de su madre, se le olvidó todo el pasado. No había nada tan hermoso mirando esos ojos claros, llenos de pasión y llenos de llanto.

- Mamá, quiero recordar, recordar mi pasado.
- No te preocupes hija, por los tiempos pasados; que lo pasado , pasado está. Ahora toca el presente, vívelo como un canto.
- Un canto de pan quiero, mamá. Un canto con aceite y sal, que su sabor me haga regresar, aquí donde tú estás.
- Ahora te doy lo que me pides y te daría más. Llenaría tu corazón, mi niña,con lo que te alegrara más. Algo bonito y hondo que tus entrañas recibieran como si de nata fuera.
- No me mires así madre, que tus palabras ya me hablan, de lo mucho que me quieres, de lo mucho que me amas. Dame aquello que tengas en casa, que para mí será un manjar que de tus manos resbala.

María se la quedó mirando un ratito embelesada. Su madre entró algo pensativa, algo ensimismada. ¿Por qué su hija le contaba esas cosas tan raras? No son cosas de chiquillas, ellas piensan en muñecas y fantasías animadas. Fuera como fuese, María era María, su hija preciosa y no una extraña. Ella le ayudaría a navegar por su mar arrebolada. Le acompañaría allí donde fuese, a los confines del mapa.

En su casa había un corral con un olivo y una parra. El olivo plateado con aceitunas negras y verdes. óvalos brillantes que a María le encantaban. De la parra colgaban hilitos verdes con uvas redondeadas, aún sin madurar, aún deseadas. María se sentó al lado de la parra, sin dejar de mirar y mirar algo que la deslumbraba. No era el sol, ni el brillo en las ramas, sino un caracol que los cuernos le sacaba. Ella lo observó y miró cómo su huella dejaba.¿Qué sentía el caracol para cargar con su casa? ¿Sentiría timidez o pesada carga? No lo sabría nunca, porque el caracol no hablaba. Sí quería, dejar su huella. Pero ¿a quien le interesaba? María pensó en esto: quería dejar una huella, honda y clara, que nadie la pisase para que ella algún día la encontrara; no quería vagar y vagar por tierras lejanas, donde antes nadie pisó ni habría quien pisara. Sino encontrar su huella, una pisada clara, donde su zapato entrara. Algo que la acogiera de manera familiar y no vaga.

Allí en el corral pasó unas horas hasta que llegó la noche serena y clara. Su madre le trae la cena: leche de cabra con sopas de avena, endulzadas con azúcar y canela en rama. Ella le pregunta que dónde va el día cuando la noche acampa. Nadie le contesta, nadie le aclara. La niña insiste y su madre responde calmada:

- María, al día se le acaban sus luces y llama a la noche para que cuelgue uno a uno todos sus faroles; mañana amanecerá un nuevo día, mejor que el que tú ya conocías.
- Duerme contenta, mi vida, que tú y el día dormiréis en la misma cama ya mullida.

La noche la mece, le canta una nana; el gatito dormía en sus brazos y ella flotando en la nada.

Los albores de la mañana ya entran por la ventana.

Las mariposas de la noche palpitan medio apagadas. María aún duerme un sueño dulce como la miel, con la piel rosada del atardecer.

Una voz cantarina la atrae, la despierta y la entusiasma:
- ¡Arriba, niña mimada ! ¿No hueles el día que ya entra por tu ventana?
- Me voy a trabajar antes que despunte el alba, pronto el sol estará en su cumbre y yo en el fondo de una franja. La tierra a ambos lados, yo evitando que se caiga. Este hoyo que estoy haciendo, será el sitio donde crecerá un olivo de verdes ramas; olivo que no alimentará la vida de quien lo labra. Pero tú María, hoy mismo tendrás este hoyo en tu pan, lleno de aceite con sal.

Su padre le hablaba y hablaba, mientras María escuchaba.
Luego más tarde visitaría esa franja de tierra húmeda recién arrancada. Acompañaría a su madre llevando el almuerzo de su padre en una fiambrera hecha de esparto trenzado. Por el camino iría oliendo a campo, pisando mil chinitas de arena y barro; cruzarían un arroyuelo transparente y claro, recogiendo mil aromas y sabores de antaño.

Su madre divisó a lo lejos, una figura familiar de pelo rubio y rizado.

-Mira María, allí está quien buscamos. Es tu padre, mi niña, tu padre que está trabajando; buscando nuestro sustento con sudor no amargo.

La niña se fué corriendo y se tiró a sus brazos. Brazos que la recibieron con dulce quebranto:
- Aquí viene mi bien, mi dicha y mi agrado. ¿ Qué me traes? nada me alegra más que tu abrazo.
- Te traigo comida, padre, y a mi madre que te abrace.

Con cansancio, sudor y hambre, el hombre abre su mochila manchada de aceites y panes. Todo le parece abundante. Abundante de placeres que le transportan a mil ciudades donde no se labora agotado, sino a partes iguales.

- ¡Adios, amores míos! Volveremos a vernos más tarde. Será cuando el día se acabe y llegue la noche para reposar sin reproches.

Los días transcurrían en pesada calma sin que nada los perturbase. María crecía y crecía, siendo la misma de antes.

María se hizo joven, planteandose otros interrogantes. La vida es un misterio. Un misterio constante. Se decía para sus adentros y sin llegar a ninguna parte. ¡Qué triste es vivir, vivir con tanto interrogante! El origen de la vida, no hay quien me convenza con una respuesta tan grande. ¿Por qué estoy aquí? ¿ Dónde estaba antes? ¿ Dónde llegaré? ¿ Llegaré a alguna parte?...

María se convenció en vivir, sólamente en vivir, mientras llegaba a esa otra parte. Dejarse arrastrar por la corriente ambulante. Vivir intensamente cada minuto y cada instante. Prolongar los momentos , esos momentos con lastre. Dejar la huella indeleble del caracol para que la encuentre, quien la busque y ame.

Como vorágine pasajera, la vida de María transcurrió. Pasó su infancia; su juventud tempranera. Pronto conoció el amor. No el amor a ella. La vida era atractiva,atractiva y bella. Todo escondía alguna sorpresa y reunía encanto para disfrutarlo a manos llenas. ¡Con amor todo prospera! ...

Te conoció a tí y concentró en tí la Naturaleza. El Universo se disolvió, rompió su esfera, cuando tú le dijiste que podías vivir sin ella. María, quedó callada, pensativa y etérea: seguiré mi camino, buscaré otra esfera, que me haga recordar aquello que tú eras. Volverás algún día,si de verdad me quisieras.

Así transcurre todo, mi niña María sigue buscando y buscando algo que no encuentra, mientras sigue en la vida trasiega que trasiega...


Precioso encuentro con tan vivaracha niña. Un encanto de Maria, casí me sentí siguiendola como su sombra. Muy entrañable escrito donde desde muy pequeña se refleja la ansiedad por encontrar su estrella, cuando lo único que tiene que descubrir Maria es que la estrella es ella misma y que el amor es su propia vida. Y la huella ya hay huellas muy luminosas que la delataran de por vida, huellas de sus propias carnes, huellas que laten y saben a ella misma...
Que grato leerte amiga, muy hogareño tu escrito y me place sentir esa presencia inmaculada de tus padres.
Esta prosa no son simples lineas de una historia. Son latidos de una niña que nunca dejará de serlo desde la grandeza de superar a los adultos desde muy pequeña. Tu ser es un tesoro vivo, que por siempre intenta compartirse con sus seres queridos. Solo se me ocurre decirte: ¡Nena, tú vales mucho! ¡Felicidades por la niña que sigue sacando agua del pozo y le da de beber al sediento. Porque el pozo es tu corazón y el agua tu más bello descubrimiento...¡El amor!
Te encumbro en el mismo universo rodeada de estrellas, pero porque me aseguro que tú lucirás bella...
Puede que no me permitan darte reputación. Pero que sepas que ya la tienes en mi corazón...
¡BESOS MUY TIERNOS A MARIA!
Vidalillo
 
Mi querida amiga lomafresquita, te doy la enhorabuena por tan maravilloso relato que es un canto a la niñez y a su libertad. Eres dueña de un léxico exquisito y hermoso. Gracias por este maravilloso relato. me ha encantado. Te dejo un abrazo y estrellas para que iluminen tu camino por la literatura.
 
Gracias amigo Vidal por tu cariñoso comentario y por adentrarte en mi niña. Es una niña más, la que una mujer lleva dentro y guardando todos sus secretos. Secretos de la niñez escondidos en nuestra piel, formando parte de ella hasta que soltemos el último aliento. Ese niño-niña nos habita siempre. Besos, querido amigo,¡ mi querido niño!

Precioso encuentro con tan vivaracha niña. Un encanto de Maria, casí me sentí siguiendola como su sombra. Muy entrañable escrito donde desde muy pequeña se refleja la ansiedad por encontrar su estrella, cuando lo único que tiene que descubrir Maria es que la estrella es ella misma y que el amor es su propia vida. Y la huella ya hay huellas muy luminosas que la delataran de por vida, huellas de sus propias carnes, huellas que laten y saben a ella misma...
Que grato leerte amiga, muy hogareño tu escrito y me place sentir esa presencia inmaculada de tus padres.
Esta prosa no son simples lineas de una historia. Son latidos de una niña que nunca dejará de serlo desde la grandeza de superar a los adultos desde muy pequeña. Tu ser es un tesoro vivo, que por siempre intenta compartirse con sus seres queridos. Solo se me ocurre decirte: ¡Nena, tú vales mucho! ¡Felicidades por la niña que sigue sacando agua del pozo y le da de beber al sediento. Porque el pozo es tu corazón y el agua tu más bello descubrimiento...¡El amor!
Te encumbro en el mismo universo rodeada de estrellas, pero porque me aseguro que tú lucirás bella...
Puede que no me permitan darte reputación. Pero que sepas que ya la tienes en mi corazón...
¡BESOS MUY TIERNOS A MARIA!
Vidalillo
 
Gracias mi querido amigo Dulcinista por tu cariñoso comentario que todavía paladeo de tanto como me ha gustado. Un placer tu presencia en mis letras. Besazos con cariño.

Mi querida amiga lomafresquita, te doy la enhorabuena por tan maravilloso relato que es un canto a la niñez y a su libertad. Eres dueña de un léxico exquisito y hermoso. Gracias por este maravilloso relato. me ha encantado. Te dejo un abrazo y estrellas para que iluminen tu camino por la literatura.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba