Mi novia la frutera,
tenía un mal vicio,
y ya, por varias veces
yo le había dicho...
¡No te comas las uñas, María José!
Que tus dedos lo sienten y yo también.
déjatelas crecer, como las gatas,
que yo sienta su filo cuando me abrazas.
Tú, que estas hecha, niña, para mi gozo...
me niegas una cosa que cuesta poco:
unas uñas hermosas bien nacaradas,
que de amor en mi piel den puñaladas.
Fruterita del alma; si me has oído,
no me creas un vicioso por lo que digo...
Sólo busco en tu cuerpo la perfección,
para amarlo y gozarlo con devoción.
Fruterita del alma, sólo pretendo
que me gusten tus manos como tu cuerpo;
como tu pelo blondo, tus ojos verdes,
tus labios sensuales, tus senos fuertes,
como esa simpatía de que haces gala.
¡Como las pecas, niña, que hay en tu cara!
Recaredo.
tenía un mal vicio,
y ya, por varias veces
yo le había dicho...
¡No te comas las uñas, María José!
Que tus dedos lo sienten y yo también.
déjatelas crecer, como las gatas,
que yo sienta su filo cuando me abrazas.
Tú, que estas hecha, niña, para mi gozo...
me niegas una cosa que cuesta poco:
unas uñas hermosas bien nacaradas,
que de amor en mi piel den puñaladas.
Fruterita del alma; si me has oído,
no me creas un vicioso por lo que digo...
Sólo busco en tu cuerpo la perfección,
para amarlo y gozarlo con devoción.
Fruterita del alma, sólo pretendo
que me gusten tus manos como tu cuerpo;
como tu pelo blondo, tus ojos verdes,
tus labios sensuales, tus senos fuertes,
como esa simpatía de que haces gala.
¡Como las pecas, niña, que hay en tu cara!
Recaredo.