Z. Gómez
Poeta recién llegado
Ahora sólo falta
imaginármelo a mi lado
para completar la esquizofrenia.
No, no es necesario preguntarse
a quién le hablo,
sé muy bien que existo
porque él me hace creer
que es así.
Se muestra atrapado
más allá de aquella luz,
cuando en realidad
yo soy mi otro yo de Yo.
Soy yo el que subsiste
mezclado con las múltiples personas
de mi yo.
Egos que seducen mis sentidos,
arrojándome a la carne,
al dinero, a la piel...
Yo soy el títere de aquél
que se protege
tras los cristales de mercurio;
de aquél que me tiene condenado
al suplicio que un día
el mismo Tántalo sufrió:
pues teniendo la vida enfrente
no puedo tomar lo que no es.
Soy el prisionero
del que un día Marcos habló;
uno de los tantos yoes
habitantes de Legión.
imaginármelo a mi lado
para completar la esquizofrenia.
No, no es necesario preguntarse
a quién le hablo,
sé muy bien que existo
porque él me hace creer
que es así.
Se muestra atrapado
más allá de aquella luz,
cuando en realidad
yo soy mi otro yo de Yo.
Soy yo el que subsiste
mezclado con las múltiples personas
de mi yo.
Egos que seducen mis sentidos,
arrojándome a la carne,
al dinero, a la piel...
Yo soy el títere de aquél
que se protege
tras los cristales de mercurio;
de aquél que me tiene condenado
al suplicio que un día
el mismo Tántalo sufrió:
pues teniendo la vida enfrente
no puedo tomar lo que no es.
Soy el prisionero
del que un día Marcos habló;
uno de los tantos yoes
habitantes de Legión.
Lástima que la inspiración es caprichosa y no llega cuando uno lo desea.
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