Mi partida y tu Señor.

José Ignacio Ayuso Diez

Epicuro y la ataraxia, sin miedos ...
MI PARTIDA Y
TU SEÑOR.


No reconozco mi palpitar,
ni el son de tu corazón esquivo,
me apresuro a desnudarte,
y a desnudar mis sueños primitivos,
aunque hoy, con tu presencia ausente,
me temo y tú lo sabes,
que hay mucho más, que mucho frío.


Mi corazón galopa desbocado
hacia la finita obsolescencia,
no le queda cuerda para cabalgar en solitario
y se le adivina un tiempo de arritmias infinitas.
No te pido que claudiques a tus votos,
solo deseo que me mantengas en tu vida,
y le pidas al dios que de mí te aleja...¡Paciencia!
Paciencia, hasta que pueda resolver,
que hacer con la existencia mía.


Busco un lugar donde
colocar mi almohada de mármol
y atarme a tus rizos severos
con mis recuerdos,
y no hallo otro paraje con más paz
que a los píes de nuestra montaña,
envuelto en cálido hielo.


Espero que allí nunca llegues a rezarme,
que no me ofrezcas el corazón que ya era mío,
solo te pido por el amor que hemos vivido,
que una vez haya partido, me olvides,
por el bien del divino cielo tuyo y del regio infierno mío.


No, ya no quiero recibir más golpes sin esperar consuelo.
Solo aspiro a que en mi último viaje, en mi equipaje,
me lleve de ti tu última lágrima y tu último beso.
José Ignacio Ayuso
 
MI PARTIDA Y
TU SEÑOR.


No reconozco mi palpitar,
ni el son de tu corazón esquivo,
me apresuro a desnudarte,
y a desnudar mis sueños primitivos,
aunque hoy, con tu presencia ausente,
me temo y tú lo sabes,
que hay mucho más, que mucho frío.


Mi corazón galopa desbocado
hacia la finita obsolescencia,
no le queda cuerda para cabalgar en solitario
y se le adivina un tiempo de arritmias infinitas.
No te pido que claudiques a tus votos,
solo deseo que me mantengas en tu vida,
y le pidas al dios que de mí te aleja...¡Paciencia!
Paciencia, hasta que pueda resolver,
que hacer con la existencia mía.


Busco un lugar donde
colocar mi almohada de mármol
y atarme a tus rizos severos
con mis recuerdos,
y no hallo otro paraje con más paz
que a los píes de nuestra montaña,
envuelto en cálido hielo.


Espero que allí nunca llegues a rezarme,
que no me ofrezcas el corazón que ya era mío,
solo te pido por el amor que hemos vivido,
que una vez haya partido, me olvides,
por el bien del divino cielo tuyo y del regio infierno mío.


No, ya no quiero recibir más golpes sin esperar consuelo.
Solo aspiro a que en mi último viaje, en mi equipaje,
me lleve de ti tu última lágrima y tu último beso.
José Ignacio Ayuso
Dejar eas esencias que buscan el lugar maximo para aspirar
a ese viaje final. la melancolia abunda y se hace necesidad
en esas busqueda de entrega maxima. felicidades por elas
imagenes de tu obra. saludos amables de luzyabsenta
 

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