Elizabeth Flores
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mi patria llora.
Ayer.
En el corazón de ríos, mares, montañas y valles yacía,
arrullada en fantásticos cantos y danza de sirenas,
acompañada del romance de la luna llena
con la antorcha encendida, mágicas estrellas.
Así estaba cuando.
Pisadas extrañas me invadieron, apagando mi sonrisa
y un agudo puñal clavaron hasta traspasar mis entrañas
en despojos me dejaron, mi riqueza arrebataron
enlutando asi mi suelo con el odio y el desprecio.
Hoy, mis hijos.
Sucios carroñeros, con sus garras rompen mi alma,
cubren mi lecho con un manto de ambición y de indecencia.
Me escupen, desnudan, desprecian, mis derechos violan
y el odio desbordan pisoteando mi bandera.
Ay ¡Desgraciada de mí ! Con tanta lepra en mi cuerpo,
en hojas machacadas dictan leyes absurdas y tontas
que solo agudizan y ahorcan al más vulnerable,
es que no saben que soy su madre, fétidos engendros?
Mi dolor es tan fuerte como mujer en parto
por los dardos malignos que clavas en mi pecho
con la honra manchada de mi propia sangre,
hoy; solo me queda la miseria y el desconsuelo.
Ayer.
En el corazón de ríos, mares, montañas y valles yacía,
arrullada en fantásticos cantos y danza de sirenas,
acompañada del romance de la luna llena
con la antorcha encendida, mágicas estrellas.
Así estaba cuando.
Pisadas extrañas me invadieron, apagando mi sonrisa
y un agudo puñal clavaron hasta traspasar mis entrañas
en despojos me dejaron, mi riqueza arrebataron
enlutando asi mi suelo con el odio y el desprecio.
Hoy, mis hijos.
Sucios carroñeros, con sus garras rompen mi alma,
cubren mi lecho con un manto de ambición y de indecencia.
Me escupen, desnudan, desprecian, mis derechos violan
y el odio desbordan pisoteando mi bandera.
Ay ¡Desgraciada de mí ! Con tanta lepra en mi cuerpo,
en hojas machacadas dictan leyes absurdas y tontas
que solo agudizan y ahorcan al más vulnerable,
es que no saben que soy su madre, fétidos engendros?
Mi dolor es tan fuerte como mujer en parto
por los dardos malignos que clavas en mi pecho
con la honra manchada de mi propia sangre,
hoy; solo me queda la miseria y el desconsuelo.
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