Mi perla necesaria, mi fuego perdurable,
tú mi boca de luna, mi juicio predilecto,
mi anhelo que transita, tú mi mano de orégano,
la tregua en que me apoyo, enredo de mis brazos.
Eres como quien ama el olor de la fruta,
como quien se delata en el tiempo de pausas,
como quien se tropieza mil veces con la calma
y espera que acontezca la rosa fulminante.
Nunca jamás retuve la moneda en mis manos,
mucho menos de dar mi respiro recóndito
hasta que sucediste antes que algún eclipse.
Mas no eres repetida en este jardín plano,
y vives sublevada disfrutando manjares
mientras vas preparando galletas en los hornos.
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