Nommo
Poeta veterano en el portal
Éramos amigos, ¿ Lo recuerdas ?
Y no desvariábamos. No hubo delirio alguno, ni en la derecha, ni en la izquierda.
Pianistas, violinistas, saxofonistas y cantores.
Ahora, novelistas y autores noveles. Que arrugan castamente, muchos papeles.
La obra impresa ha de ser selecta, para que llame la atención.
Y refulja, como los geranios asomados al balcón.
Hoy en día, peleamos por los laureles del César.
Porque de ese modo, más invitados acudirán a nuestra mesa.
Somos como el Mesías, y Judas Iscariote. El malo de la película, uno de nosotros...
¡ Maricón el que no bote !
Yo me refiero a las razas, como el final de todo cuanto existe.
Animales, vegetales y minerales, y luego, las profesiones, como la de médico-dentista.
Muchas ramificaciones sorprendentes, dentro de cada civilización.
Enriqueciendo el código genético, que en los fuelles o pulmones, toca su acordeón.
Entonces, escribo, desde mi corazón de Amor-Bondad y Amor-Sencillez.
Disfrazado, como estoy, de Nommo de la estrella Sirio, u hombre-pez.
Huyo de mí mismo, y de mi carácter monumental y atroz.
Saborear mi esencia es como probar jamón serrano, en un plato de blanco arroz.
Y pimientos verdes fritos. Pero estoy aprendiendo a ubicarme, dentro del laberinto.
Ya, no amago ni hago fintas. Ni regateo, con mi parte divina, del cielo alto.
No es que me pinte las uñas de colores, con esmalte.
Ni tampoco me adorno con pendientes, ni collares de perlas, alrededor del cuello.
Pero hubo energía femenina pura, cierto día, en el planeta Tierra.
Y así, de la sepultura resucito. Transitando de monte en monte, y de cerro en cerro.
Con mi perro...
Y no desvariábamos. No hubo delirio alguno, ni en la derecha, ni en la izquierda.
Pianistas, violinistas, saxofonistas y cantores.
Ahora, novelistas y autores noveles. Que arrugan castamente, muchos papeles.
La obra impresa ha de ser selecta, para que llame la atención.
Y refulja, como los geranios asomados al balcón.
Hoy en día, peleamos por los laureles del César.
Porque de ese modo, más invitados acudirán a nuestra mesa.
Somos como el Mesías, y Judas Iscariote. El malo de la película, uno de nosotros...
¡ Maricón el que no bote !
Yo me refiero a las razas, como el final de todo cuanto existe.
Animales, vegetales y minerales, y luego, las profesiones, como la de médico-dentista.
Muchas ramificaciones sorprendentes, dentro de cada civilización.
Enriqueciendo el código genético, que en los fuelles o pulmones, toca su acordeón.
Entonces, escribo, desde mi corazón de Amor-Bondad y Amor-Sencillez.
Disfrazado, como estoy, de Nommo de la estrella Sirio, u hombre-pez.
Huyo de mí mismo, y de mi carácter monumental y atroz.
Saborear mi esencia es como probar jamón serrano, en un plato de blanco arroz.
Y pimientos verdes fritos. Pero estoy aprendiendo a ubicarme, dentro del laberinto.
Ya, no amago ni hago fintas. Ni regateo, con mi parte divina, del cielo alto.
No es que me pinte las uñas de colores, con esmalte.
Ni tampoco me adorno con pendientes, ni collares de perlas, alrededor del cuello.
Pero hubo energía femenina pura, cierto día, en el planeta Tierra.
Y así, de la sepultura resucito. Transitando de monte en monte, y de cerro en cerro.
Con mi perro...
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