Évano
Libre, sin dioses.
Por las esquinas de las calles de los días,
entre las bocas de las sombras susurrantes
y esquivando los dientes de los hombres.
Así anduvieron nuestras piernas al andar
hasta encontrar las solitarias luces del cobijo,
una soledad abierta por la gente.
Todavía deriva el universo los recuerdos,
un negro firmamento en la memoria
que late en las sienes al unísono.
Ando hacia el fin del alma con la tibia luz
de un corazón que a penas late
en esta época de hojas al viento.
Quisiera el pecho de abril, aquellas flores.
Besar como el niño que vuelve a descubrir
valles, prados y montes. Yacer
otra vez las hierbas y rocíos;
y no volver a pensar en los días venideros.
Desnudo, en este ahora de estrellas y luna
que cae gélida a mi espalda. Como sonrisa
enfrentada a la muerte. Un círculo entorno
a lo eterno de un instante. Un amor que vaga
dentro de mi inmenso infinito.
entre las bocas de las sombras susurrantes
y esquivando los dientes de los hombres.
Así anduvieron nuestras piernas al andar
hasta encontrar las solitarias luces del cobijo,
una soledad abierta por la gente.
Todavía deriva el universo los recuerdos,
un negro firmamento en la memoria
que late en las sienes al unísono.
Ando hacia el fin del alma con la tibia luz
de un corazón que a penas late
en esta época de hojas al viento.
Quisiera el pecho de abril, aquellas flores.
Besar como el niño que vuelve a descubrir
valles, prados y montes. Yacer
otra vez las hierbas y rocíos;
y no volver a pensar en los días venideros.
Desnudo, en este ahora de estrellas y luna
que cae gélida a mi espalda. Como sonrisa
enfrentada a la muerte. Un círculo entorno
a lo eterno de un instante. Un amor que vaga
dentro de mi inmenso infinito.