Alberto Ruiz
Poeta recién llegado
Era un día triste
Y mi corazón estaba dormido.
Mi vida era una rama de hojas.
Fue inevitable atar mi mirada,
Cuando la encontraron mis ojos.
Mi corazón despertó de su largo sueño
Mis ojos brillaron más que una estrella,
En el mar de una noche sin luna.
El día adquirió un nuevo color,
Y mi cuerpo cambió de temperatura.
Desde ese instante,
Fue droga para mis ojos.
Mi boca tenía palabras
Que no podía decir.
Los latidos en mi pecho
Eran el eco de lejanas campanas.
Nacieron poemas en mi cabeza,
Los cuales no pudieron ser leídos por mi memoria.
Mis labios dibujaron una sonrisa,
Que tenía sus raíces en mi corazón.
Y no volví a sentirme igual,
Pues hasta mi sombra había cambiado.
Pasaba por mi cabeza
Pensamientos forajidos,
Que tenían mi boca encadenada de sentimientos.
Quería tocar con mi voz sus oídos.
Quería sentir esa mirada de huracán sobre mí.
Quería una mariposa en mis oídos.
¡Pero mi corazón era un cobarde!
Caminaron como hormigas
Los minutos más felices
De mi corta existencia.
Y la florecita de ternura,
La tímida niña,
Desapareció de mis ojos.
Desde ese día creí
En la existencia de Dios.
Y mi corazón estaba dormido.
Mi vida era una rama de hojas.
Fue inevitable atar mi mirada,
Cuando la encontraron mis ojos.
Mi corazón despertó de su largo sueño
Mis ojos brillaron más que una estrella,
En el mar de una noche sin luna.
El día adquirió un nuevo color,
Y mi cuerpo cambió de temperatura.
Desde ese instante,
Fue droga para mis ojos.
Mi boca tenía palabras
Que no podía decir.
Los latidos en mi pecho
Eran el eco de lejanas campanas.
Nacieron poemas en mi cabeza,
Los cuales no pudieron ser leídos por mi memoria.
Mis labios dibujaron una sonrisa,
Que tenía sus raíces en mi corazón.
Y no volví a sentirme igual,
Pues hasta mi sombra había cambiado.
Pasaba por mi cabeza
Pensamientos forajidos,
Que tenían mi boca encadenada de sentimientos.
Quería tocar con mi voz sus oídos.
Quería sentir esa mirada de huracán sobre mí.
Quería una mariposa en mis oídos.
¡Pero mi corazón era un cobarde!
Caminaron como hormigas
Los minutos más felices
De mi corta existencia.
Y la florecita de ternura,
La tímida niña,
Desapareció de mis ojos.
Desde ese día creí
En la existencia de Dios.