María Rentería
Luna en Acuario.
Yo tenía solo dieciocho años
y mi vida sin dirección ni rumbo claro.
Y tú me dijiste: -"Vives de engaños;
acércate a mí, no te haré daño.-"
Al inicio no sabía que hacía ahí,
me resistí, pero solo por momentos,
pronto claudiqué, me rendí...
cesaron así todos mis tormentos.
Fue la primera vez que tan claro me hablaste.
Ya sabía de ti, pero no que eras mi amigo
y nunca soñé que me dírías: -"quédate conmigo"-,
aunque fraterno y cálido te mostraste.
Desde entonces, Jesús,
acompañas mi camino,
enjugas mis lágrimas,
alimentas mis entrañas
y me muestras tu cariño.
Yo tenía solo dieciocho años
y mi vida sin dirección ni rumbo claro.
Y Tú me dijiste: -"Vives de engaños;
acércate a mí, que no te haré daño"-.
Al principio no sabía que hacía ahí,
me resistí, pero solo por momentos
porque pronto claudiqué, me rendí...
cesaron as todos mis tormentos.
Fue la primera vez que tan claro me hablaste.
Ya sabía de ti, pero no sabía que eras mi amigo.
Aunque fraterno y cálido te me mostraste
nunca soñé que me dirías: -"Quédate conmigo"-.
Desde entonces, Jesús, acompañas mi camino.
Desde entonces eres quien enjuga mis lágrimas.
Desde entonces soy consciente de tu cariño;
desde entonces, Jesús, alimentas mis entrañas.
y mi vida sin dirección ni rumbo claro.
Y tú me dijiste: -"Vives de engaños;
acércate a mí, no te haré daño.-"
Al inicio no sabía que hacía ahí,
me resistí, pero solo por momentos,
pronto claudiqué, me rendí...
cesaron así todos mis tormentos.
Fue la primera vez que tan claro me hablaste.
Ya sabía de ti, pero no que eras mi amigo
y nunca soñé que me dírías: -"quédate conmigo"-,
aunque fraterno y cálido te mostraste.
Desde entonces, Jesús,
acompañas mi camino,
enjugas mis lágrimas,
alimentas mis entrañas
y me muestras tu cariño.
Yo tenía solo dieciocho años
y mi vida sin dirección ni rumbo claro.
Y Tú me dijiste: -"Vives de engaños;
acércate a mí, que no te haré daño"-.
Al principio no sabía que hacía ahí,
me resistí, pero solo por momentos
porque pronto claudiqué, me rendí...
cesaron as todos mis tormentos.
Fue la primera vez que tan claro me hablaste.
Ya sabía de ti, pero no sabía que eras mi amigo.
Aunque fraterno y cálido te me mostraste
nunca soñé que me dirías: -"Quédate conmigo"-.
Desde entonces, Jesús, acompañas mi camino.
Desde entonces eres quien enjuga mis lágrimas.
Desde entonces soy consciente de tu cariño;
desde entonces, Jesús, alimentas mis entrañas.
Última edición: