Diana Krauter
Poeta Reconocido
Triste asoma la guadaña nocturna
decapitando el cerrojo de mi mano
que en la noche es reflejo de luna
con aroma a polvo de un piano.
Se tensan las cuerdas en mis dedos
en la lumbre que emanan mis brazos
y sangran los pedazos de mi cielo,
en catarsis del mal que va purgando.
¡Cuánto duele mirar de frente a mi ojo
y ver que hay tanto no limpiado!
Llueven demonios y angeles en mi uña,
en estrellas de papel desde la bruma.
Vierten elíxires en sonatas diabólicas
mientras danzan unicornios en mi vientre,
y todavía me pregunto si es que existo
o ¿es la existencia la que me advierte?
Yace el dragón dormido en mi fogata,
con los ojos transitando los caminos
todavía vomita los insectos que le acosan,
entre el teatro de muertos duerme tranquilo.
Drena la sangre negra de mis ojos
pero llora la sublimidad, glorificado.
decapitando el cerrojo de mi mano
que en la noche es reflejo de luna
con aroma a polvo de un piano.
Se tensan las cuerdas en mis dedos
en la lumbre que emanan mis brazos
y sangran los pedazos de mi cielo,
en catarsis del mal que va purgando.
¡Cuánto duele mirar de frente a mi ojo
y ver que hay tanto no limpiado!
Llueven demonios y angeles en mi uña,
en estrellas de papel desde la bruma.
Vierten elíxires en sonatas diabólicas
mientras danzan unicornios en mi vientre,
y todavía me pregunto si es que existo
o ¿es la existencia la que me advierte?
Yace el dragón dormido en mi fogata,
con los ojos transitando los caminos
todavía vomita los insectos que le acosan,
entre el teatro de muertos duerme tranquilo.
Drena la sangre negra de mis ojos
pero llora la sublimidad, glorificado.
::
:: un beso blanco...