Elba Nery García
Poeta veterano en el portal
La luna asomó su cara
refulgente cual lucero
en aquella negra noche
testigo de mis lamentos.
Al observarle dispuse
manifestarle mi duelo,
esperaba que su magia
me devolviera el sosiego
en unión con la ventura
que me quitó un puñetero
tan perverso y desleal
que se merece el infierno.
Esa luna deslumbrante
me envolvió con su destello
y me dijo susurrando
que nunca mueren los sueños:
que el amor siempre florece
incluso en áridos suelos.
Motivada me sentí
y mirándome al espejo
me dije: basta, mujer,
evidéncialo en tus versos:
que tus labios están vivos
y esperan entreabiertos
nuevos besos que conecten
el corazón con el cuerpo.
Desde entonces cada noche
entre las sombras, ajenos,
dos cuerpos bajo la luna
se arrebatan en concierto.
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