Newton Vega
Poeta fiel al portal
Sentado en este viejo y mullido sillón
veo pasar largas filas de horas interminables
escupidas por las fétidas fauces de cronos
implacable, indolente e impío
y deshojo una a una
las viejas páginas que celosas guardan
mis recuerdos nebulosos, diluidos
en el éter del inmensurable espacio...
Lejana y prolongada mirada a mi imagen verdadera
me veo prisionero de prejuicios que derivan
del sentido común
y que se han desarrollado en mi espíritu
sin la cooperación ni el consentimiento
deliberado de mi razón
y así, no encuentro con certeza
cual es la verdadera respuesta a mis dudas,
aquellas respuestas que me liberen
de la tiranía de la costumbre y la rutina
que Isis descubra su velo en mi boca
y que mi boca pruebe
el dulce sabor de la amarga tristeza
de aquella que invade el alma y nos recuerda
que somos los protagonistas
de la vida efímera,fugaz, transitoria
que la oscuridad y la espera tienen el mismo color
y que el silencio y la esperanza visten el mismo traje,
comprenderé por fin que a la vida se le opone la muerte
y que sin muerte no es posible la vida
y que la vida depende de los dioses que nos inventamos
para darle un sentido concreto
sin quedarnos en las esferas de lo abstracto
mas, si debo confesar mi sincretismo,
lo hago exaltando mi viejo y mullido sillón
que, de entre todas las cosas tangibles que poseo
éste, llena mis espacios vitales, mi ego existencial
sin coactar mi derecho inalienable a ser libre
por que así lo elegí
y mi libertad es intangible, inmanente e inmaterial
grandioso e ilimitado, vence al tiempo y al espacio
a la luz, al infinito al silencio absoluto de la nada.
Pero, ¡ Oh ! irónica verdad...
mi cuerpo, diluido en cada átomo de suelo
será la chispa precursora de una nueva vida
pero el incorpóreo ser que lo habitaba
fluirá en distancias siderales
montado en un potro de luz refulgente
al encuentro de su verdadera identidad
a ser solo un haz de luz en el infinito
que alumbrará la eternidad.
veo pasar largas filas de horas interminables
escupidas por las fétidas fauces de cronos
implacable, indolente e impío
y deshojo una a una
las viejas páginas que celosas guardan
mis recuerdos nebulosos, diluidos
en el éter del inmensurable espacio...
Lejana y prolongada mirada a mi imagen verdadera
me veo prisionero de prejuicios que derivan
del sentido común
y que se han desarrollado en mi espíritu
sin la cooperación ni el consentimiento
deliberado de mi razón
y así, no encuentro con certeza
cual es la verdadera respuesta a mis dudas,
aquellas respuestas que me liberen
de la tiranía de la costumbre y la rutina
que Isis descubra su velo en mi boca
y que mi boca pruebe
el dulce sabor de la amarga tristeza
de aquella que invade el alma y nos recuerda
que somos los protagonistas
de la vida efímera,fugaz, transitoria
que la oscuridad y la espera tienen el mismo color
y que el silencio y la esperanza visten el mismo traje,
comprenderé por fin que a la vida se le opone la muerte
y que sin muerte no es posible la vida
y que la vida depende de los dioses que nos inventamos
para darle un sentido concreto
sin quedarnos en las esferas de lo abstracto
mas, si debo confesar mi sincretismo,
lo hago exaltando mi viejo y mullido sillón
que, de entre todas las cosas tangibles que poseo
éste, llena mis espacios vitales, mi ego existencial
sin coactar mi derecho inalienable a ser libre
por que así lo elegí
y mi libertad es intangible, inmanente e inmaterial
grandioso e ilimitado, vence al tiempo y al espacio
a la luz, al infinito al silencio absoluto de la nada.
Pero, ¡ Oh ! irónica verdad...
mi cuerpo, diluido en cada átomo de suelo
será la chispa precursora de una nueva vida
pero el incorpóreo ser que lo habitaba
fluirá en distancias siderales
montado en un potro de luz refulgente
al encuentro de su verdadera identidad
a ser solo un haz de luz en el infinito
que alumbrará la eternidad.
Newton Vega Velásquez.