¿A qué distancia te encuentras de mi soledad?
Si tocaras mi silencio sentirías mis manos.
Si el mar se detuviera en tu ventana,
luego te atravesara un cauce sanguíneo
hecho de afonías guardadas,
de roces bronquiales, de endurecidas palabras
que tocaran la orilla guardada de tus venas
y se soltaran sus escombros de voces sumergidas,
que finalmente se encallaran en tu alma.
Si tu ruta fuera de pájaros heridos.
Si te hallases en el sigiloso vuelo
y luego te llegaran gotas de mi alma
sobre el clamor del aire que heredamos.
Si fuéramos nosotros sinceramente,
y ávidamente antes que te marchases te preguntara:
¿A qué distancia nos hallará el tiempo,
a qué soledad de su fondo existido?
Son tan íntimas las sinfonías que palpitan,
tan nobles en su prisma de refugios exiguos,
en su habitad de dogmas traslucidos.
Busco y me sumerjo en tu imagen
de luiría estallada y me abraza tu alabanza
de fibra enamorada, tu riqueza esparcida,
tu libertad hallada y por un momento
me retengo en mí, solitario,
viéndonos partir hacia nosotros, totales
plenos e indiferentes, desconociéndonos.