Poeta en Silencio
Enrique
He considerado a mi sombra
como la planicie de mis sentidos,
carne de una delgada simetría
afín a la plasticidad del sueño.
Sombra, estatua sin luz
que va saltando
de pared en pared.
Cuerpo débil que por las tardes
se alarga aferrándose al oriente de los viejos.
Mi sombra es una experta
en traslaparse sin dolor con sus iguales.
Se vuelve penumbra con ellos,
hidra del polvo silenciado.
La sombra de mis entrañas posee
como un amor primigenio por mí,
sombra que detesta el sabor de la distancia
y que poco sabe de los puentes de luz,
atajos que se crean en el corazón
para llegar al pecho de su amado.
Mi sombra no busca otra cosa
sino volverse en la giganta de la noche
o en un polvo pequeño
que me vigile a mediodía.
como la planicie de mis sentidos,
carne de una delgada simetría
afín a la plasticidad del sueño.
Sombra, estatua sin luz
que va saltando
de pared en pared.
Cuerpo débil que por las tardes
se alarga aferrándose al oriente de los viejos.
Mi sombra es una experta
en traslaparse sin dolor con sus iguales.
Se vuelve penumbra con ellos,
hidra del polvo silenciado.
La sombra de mis entrañas posee
como un amor primigenio por mí,
sombra que detesta el sabor de la distancia
y que poco sabe de los puentes de luz,
atajos que se crean en el corazón
para llegar al pecho de su amado.
Mi sombra no busca otra cosa
sino volverse en la giganta de la noche
o en un polvo pequeño
que me vigile a mediodía.