El mejor acto de magia no es siempre el más, en términos humanos, por así decirlo, bonito, o más espectacular.
Hablando de magia cotidiana, de esa que provoca vuelcos en el corazón y muchas, demasiadas migrañas, esa parte del acto que los magos llaman el prestigio, se vuelve, en términos mundanos lo que pica adentro, eso de esperanza que vive pero que ya no nos salva, se vuelve la pérdida que es uno y el muñeco de trapo vacío que camina y anda.
Y bueno, así al parecer quedó su mal príncipe después de su despliegue cósmico de magia.
Saludos hermosa amiga, llevo mucho tiempo sin saber de usted, se le extraña.
Un beso flaco.
Un beso gordo.
Un abrazo de oso.
Dos abrazos de mono.