Mi único juguete.

Luis Elissamburu

Poeta fiel al portal
Necochea, año 1914, la guerra en Europa, muy pero muy lejos de aquella quinta en las afueras del balneario en formación. La familia de Pasquale, venida desde una Italia pobre, seguía siendo pobre. Papá con su carreta, llevando bolsas y bolsas de cosas que no eran para ellos. Mamá en su enorme cocina, atendiendo a sus nueve hijos, incluyendo al pequeño "Pascual", el único que no trabajaba todavía fuera de la casa, pero que atendía a todos los animalitos que atesoraban los "tanos". El maíz para las gallinas, afrecho y avena para los caballos. Medidas exactas para que alcanzara todo durante el largo mes. Comían poco los "bichos" y los humanos también. Hay de aquellos fideos aderezados por el pan rallado y frito que simulaba el parmesano que no se podía comprar. Pero la yegüita vieja que andaba sola en el corral del fondo tenía sus privilegios. Cuando alguno de sus padres lo sorprendía entregándole a la susodicha una preciada zanahoria, Pasquale ponía cara de enojo y les decía: "es mi único juguete".
 
Necochea, año 1914, la guerra en Europa, muy pero muy lejos de aquella quinta en las afueras del balneario en formación. La familia de Pasquale, venida desde una Italia pobre, seguía siendo pobre. Papá con su carreta, llevando bolsas y bolsas de cosas que no eran para ellos. Mamá en su enorme cocina, atendiendo a sus nueve hijos, incluyendo al pequeño "Pascual", el único que no trabajaba todavía fuera de la casa, pero que atendía a todos los animalitos que atesoraban los "tanos". El maíz para las gallinas, afrecho y avena para los caballos. Medidas exactas para que alcanzara todo durante el largo mes. Comían poco los "bichos" y los humanos también. Hay de aquellos fideos aderezados por el pan rallado y frito que simulaba el parmesano que no se podía comprar. Pero la yegüita vieja que andaba sola en el corral del fondo tenía sus privilegios. Cuando alguno de sus padres lo sorprendía entregándole a la susodicha una preciada zanahoria, Pasquale ponía cara de enojo y les decía: "es mi único juguete".
Una interesante historia nos dejas Luis que a medida de su lectura
va envolviendo al lector para llegar a ese desenlace inesperado.
Ha sido un placer poder pasar por tus letras.
Un abrazo. Tere
 
Necochea, año 1914, la guerra en Europa, muy pero muy lejos de aquella quinta en las afueras del balneario en formación. La familia de Pasquale, venida desde una Italia pobre, seguía siendo pobre. Papá con su carreta, llevando bolsas y bolsas de cosas que no eran para ellos. Mamá en su enorme cocina, atendiendo a sus nueve hijos, incluyendo al pequeño "Pascual", el único que no trabajaba todavía fuera de la casa, pero que atendía a todos los animalitos que atesoraban los "tanos". El maíz para las gallinas, afrecho y avena para los caballos. Medidas exactas para que alcanzara todo durante el largo mes. Comían poco los "bichos" y los humanos también. Hay de aquellos fideos aderezados por el pan rallado y frito que simulaba el parmesano que no se podía comprar. Pero la yegüita vieja que andaba sola en el corral del fondo tenía sus privilegios. Cuando alguno de sus padres lo sorprendía entregándole a la susodicha una preciada zanahoria, Pasquale ponía cara de enojo y les decía: "es mi único juguete".

Magnífico este relato enmarcado en "La Gran Guerra": Inmigración, escasez y supervivencia en la vida familiar y lo que constituía el entorno, esos preciados animales que tanto costaban alimentar y que eran fundamentales porque todavía eran casi el único medio de transporte y las gallinas con sus valiosos huevos y sus caldos que hacian más difícil que la gente se muriera de hambre. Fantástica tambien esa receta para engañar el paladar cuando no queda mas remedio.
La mirada y la actitud del niño es genial, desprendido y muy espléndido regalando su único juguete de lo se deduce que no le debía gustar la zanahoria y además no le daba para muchos juegos, así que hacía con ella lo que quería: regalársela a su yegüa preferida.

Un placer leerte Luis y Buen Día
 
Buena prosa, tengo que pasarte al foro de PROSA GENERALES sobre pasaste el limite de palabras de este foro de MICRORELATOS igual te leeran. ABRAZOS
 
Una interesante historia nos dejas Luis que a medida de su lectura
va envolviendo al lector para llegar a ese desenlace inesperado.
Ha sido un placer poder pasar por tus letras.
Un abrazo. Tere

Aunque no lo creas, la historia es tan real como inesperada es la realidad. Siempre amé a la pobreza digna o a la "Santa Pobreza" de mi amado santo de Asís. Esa vieja yegua vivió muchos años y se salvó de tristes posibles finales, gracias a los buenos oficios de ese Pascual, que creció, en años y en bondad. Pero esa es otra historia.
Un abrazo.
 
Magnífico este relato enmarcado en "La Gran Guerra": Inmigración, escasez y supervivencia en la vida familiar y lo que constituía el entorno, esos preciados animales que tanto costaban alimentar y que eran fundamentales porque todavía eran casi el único medio de transporte y las gallinas con sus valiosos huevos y sus caldos que hacian más difícil que la gente se muriera de hambre. Fantástica tambien esa receta para engañar el paladar cuando no queda mas remedio.
La mirada y la actitud del niño es genial, desprendido y muy espléndido regalando su único juguete de lo se deduce que no le debía gustar la zanahoria y además no le daba para muchos juegos, así que hacía con ella lo que quería: regalársela a su yegüa preferida.

Un placer leerte Luis y Buen Día

Es un honor que te gustara esta simple historia. Como todas las simples historias continúa. El pequeño héroe, fue joven héroe, adulto héroe y yo lo conocí como viejo héroe.
Bendiciones para ti.
 

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