tyngui
Poeta que considera el portal su segunda casa
Siento que algo me absorbe por debajo del suelo, escaparía si supiera evitar la inevitabilidad.
Por debajo del camino se abrirá paso mi único tiempo.
Mi animalidad, mi sortilegio.
No hay lugar donde pueda respirar imágenes tétricas con mi ocularidad citadina.
Sin embargo me sigo hundiendo en la nada de mi propio silencio.
Las calles reflejan antiguos versos carmesí.
La noche me hace suyo.
Tal vez intente protegerme de ese sol abrumador que derrapa en las sombras.
La curvatura de un goticismo espejado, me persigue de cerca.
La abstracción se ha proclamado en eyección absoluta.
Abrumando realidades de la monotoneidad, seguiré adelante, aunque divida la angustia del conocimiento en partes ínfimas.
El discurso pragmático provoca un efecto de apilonamiento de palabras que no conducen a ningún lugar.
La probabilidad en el gueto de lo inevitable, me inspira en la secuenciación y me modera maleable en circunstancias adversas.
La mente imbuye vértigo y tragicidad, errancia alienante y magia por absolutizarlo todo.
El coctel vibrará intactil, arremolinando torsiones incoherentes de tedio y cansancio vidrioso.
Hasta develar la tristeza de las nubes melancólicas.
Por debajo del camino se abrirá paso mi único tiempo.
Mi animalidad, mi sortilegio.
No hay lugar donde pueda respirar imágenes tétricas con mi ocularidad citadina.
Sin embargo me sigo hundiendo en la nada de mi propio silencio.
Las calles reflejan antiguos versos carmesí.
La noche me hace suyo.
Tal vez intente protegerme de ese sol abrumador que derrapa en las sombras.
La curvatura de un goticismo espejado, me persigue de cerca.
La abstracción se ha proclamado en eyección absoluta.
Abrumando realidades de la monotoneidad, seguiré adelante, aunque divida la angustia del conocimiento en partes ínfimas.
El discurso pragmático provoca un efecto de apilonamiento de palabras que no conducen a ningún lugar.
La probabilidad en el gueto de lo inevitable, me inspira en la secuenciación y me modera maleable en circunstancias adversas.
La mente imbuye vértigo y tragicidad, errancia alienante y magia por absolutizarlo todo.
El coctel vibrará intactil, arremolinando torsiones incoherentes de tedio y cansancio vidrioso.
Hasta develar la tristeza de las nubes melancólicas.