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Mi vida consiste en:

café en chernobyl

Poeta recién llegado
Mi vida consiste en:

Me perdí entre acordes, cajetillas
de cigarros, sueños de nirvana
y una paja madura de la edad mental.

Usaba botines y escupía
en los latones de los mendigos.
Ninguna chica de las de pompos en el hombro
me quería cuando apestaba a cebada.
Mis amigos eran primero.

Luego, me hice camarada de la nieve,
del hijo bastardo de la planta,
de lo que se mueve como gusanitos en tráquea,
y deja como último recuerdo el inodoro.

Vestía de tela, de seda, de betún.
Mi peso fue espuma y mis dedos espejos.
La línea de los autos era prioridad.

Después, conviví, prácticamente, hice nupcias,
encerré mi falo en un frasco de huevos
de pato y consentí a que mi mujer
huela a otro perfume.

Duro poco, como todo lo bueno,
como toda droga.

Excepto el acoso de año y medio
que una hija de puta realizó en mi mente.
Llevándolo a senderos
donde conocí el odio en cadalso,
el rencor en galeras, el fascismo en bigote corto.

Pronto, me disloqué un húmero
y empecé a usarlo para crear fuego,
junté mis poemas y los lancé a la hoguera.

Comencé a leer a Wolfflin, a Whitman, a Crowley,
besaba a las putas cuando lo negro era
un hexaedro y los billetes era un enrollado de carne.
Botaba botellas de los bolsillos
y cuando estás estallaban
las oía tumbado en el catre.

Con vómito en la tesitura y Calaf en el audio
empecé a alejarme de la gente
que me quería. Las que me dieron un abrazo de gato.

Prendido en la PC, descubrí un mundo.
La soledad nunca supo tan bien y
los colores jamás estuvieron mejor juntos.
Olía los pantalones a orín,
las moscas pululaban en las servilletas,
mi vieja vino a visitarme,
y tocó la puerta y no le abrí.

Me enamoré del jazz, del software, del agua de caño,
de mi silla de plástico blanca.
Ese canto de sirenas era maravilloso.

Sin darme cuenta fui bastante abstemio
y no salí por meses a la calle,
donde lo único que encontraba
era harta miseria de fantoche
y maldad en esculturas de santos.

Hasta que dije: Ya. Basta. Voy a viajar.
El viernes parto.
 
Última edición:
genial, contemporaneo y lleno de fotos, diapositivas de un power point que lo podria explicar todo desde una habitacion donde la unica luz sea la del monitor, quizas la luz pixelada de una poesia no pirata, que no se rinde, si no que viaja y se reinterpreta...genial tus versos, me pase un buen rato leyendo ..abrazos hasta protno ...
 
Los escritores
los poetas
siempre soñando la metamorfosis
¿ser para siempre un vermiforme?
¿mutar a mariposa, aunque sea artificial, de neón y plástico?

nunca es la última metamorfosis








café en chernobyl;3517014 dijo:
Mi vida consiste en:

Me perdí entre acordes, cajetillas
de cigarros, sueños de nirvana
y una paja madura de la edad mental.

Usaba botines y escupía
en los latones de los mendigos.
Ninguna chica de las de pompos en el hombro
me quería cuando apestaba a cebada.
Mis amigos eran primero.

Luego, me hice camarada de la nieve,
del hijo bastardo de la planta,
de lo que se mueve como gusanitos en tráquea,
y deja como último recuerdo el inodoro.

Vestía de tela, de seda, de betún.
Mi peso fue espuma y mis dedos espejos.
La línea de los autos era prioridad.

Después, conviví, prácticamente, hice nupcias,
encerré mi falo en un frasco de huevos
de pato y consentí a que mi mujer
huela a otro perfume.

Duro poco, como todo lo bueno,
como toda droga.

Excepto el acoso de año y medio
que una hija de puta realizó en mi mente.
Llevándolo a senderos
donde conocí el odio en cadalso,
el rencor en galeras, el fascismo en bigote corto.

Pronto, me disloqué un húmero
y empecé a usarlo para crear fuego,
junté mis poemas y los lancé a la hoguera.

Comencé a leer a Wolfflin, a Whitman, a Crowley,
besaba a las putas cuando lo negro era
un hexaedro y los billetes era un enrollado de carne.
Botaba botellas de los bolsillos
y cuando estás estallaban
las oía tumbado en el catre.

Con vómito en la tesitura y Calaf en el audio
empecé a alejarme de la gente
que me quería. Las que me dieron un abrazo de gato.

Prendido en la PC, descubrí un mundo.
La soledad nunca supo tan bien y
los colores jamás estuvieron mejor juntos.
Olía los pantalones a orín,
las moscas pululaban en las servilletas,
mi vieja vino a visitarme,
y tocó la puerta y no le abrí.

Me enamoré del jazz, del software, del agua de caño,
de mi silla de plástico blanca.
Ese canto de sirenas era maravilloso.

Sin darme cuenta fui bastante abstemio
y no salí por meses a la calle,
donde lo único que encontraba
era harta miseria de fantoche
y maldad en esculturas de santos.

Hasta que dije: Ya. Basta. Voy a viajar.
El viernes parto.
 

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