Llega la noche sin noche en un albergue de sueños, donde el amor toca nuestra vida. Cuando te veía me inspiraba tu sensibilidad, tu caminar de niña inocente que me hacía suspirar una y otra vez al voltear a ver la luna. Te miro en mi silencio de amar, sin que sospechara de este sentir que te desea con suavidad entre mis noches sin verte. Tus palabras y sonrisa juegan con mi sentimiento avergonzado al no decirte lo que llevo dentro de mí ser. Recuerdo como a acariciaba tu pelo, cuando me saludaba con tu sonrisa, con un beso entre los suspiros y los nervios de mi cuerpo lograbas mi atención. No olvido nuestra primera cita de palabras de beso, el primer cosquilleó de amor que sentimos, las acaricias de que me hacían sudar como lluvia de desierto. Como olvidar el silencio que había en las noches cuando dormía entre mis brazos en cada anochecer te acorrucaba por el amor que te brindaba. A cari ciaba tu cuerpo sin palabra, te sentía suspirar entre tu sueños sin frutos a congojado por tus palabras sin aliento. Cae una lágrima a tus labios sin saber que era una lluvia de tristeza que flaqueaba de dolor. Pasaban los minutos en segundo y las horas se mesclaba entre la soledad como un mundo al revés y yo me arrodillaba a tus pies se me iba una ilusión entre las nubes sin color. Ceban cegando mis lagrimas con tu pelo de flor donde rociando tus ultimas fragancia de amor, ahora comprendo lo que eras para mi, eras mi ser, mi yo y mi todo. Si pudiera dar mis sentimientos por solo tres segundo sentiría lo que llevaba en mi corazón, uno para que sientas el verdadero renacer, dos para despedirme con un solo beso, tres para morir de amor en tu cuerpo.