Alejandro Leza
Poeta recién llegado
Me hundo más profundo,
dividiendo las aguas
en ondas que rasgan el cuerpo,
sintiendo el frío tormento
de agujas que prueban la carne,
y gestan el miedo.
Crisma que me ahoga en un crisol,
que se fragua con el ansia de no saber,
cómo es la mano que te espera
en aquel otro lugar.
Caricias corruptas,
impasible saludo que lleva tus alas
a lugares muy oscuros,
solitarios,
donde el lobo es un rey,
y tu alma tan solo la presa a la espera,
de las fauces que te matan.
Soledad impostora,
blancura hipócrita,
aterida,
sin rastro de vida;
epodo maldito y huérfano de letras
que quieran ser consuelo en las heridas.
Espejismo colgado
con clavos de falsa esperanza;
exilio en el pecho que estalla,
gritando,
llorando terror que pinta los labios,
con lágrimas que ceden los motivos,
a la sombra mortal que amarra los sentidos.
Horror al silencio que arrulla,
que abreva conciencia y te nubla,
que asesina tu tiempo
y aunque no quieras te muta.
¡Ah maldito miedo!
Ubicuo miedo
¡Que frías son tus aguas!
dividiendo las aguas
en ondas que rasgan el cuerpo,
sintiendo el frío tormento
de agujas que prueban la carne,
y gestan el miedo.
Crisma que me ahoga en un crisol,
que se fragua con el ansia de no saber,
cómo es la mano que te espera
en aquel otro lugar.
Caricias corruptas,
impasible saludo que lleva tus alas
a lugares muy oscuros,
solitarios,
donde el lobo es un rey,
y tu alma tan solo la presa a la espera,
de las fauces que te matan.
Soledad impostora,
blancura hipócrita,
aterida,
sin rastro de vida;
epodo maldito y huérfano de letras
que quieran ser consuelo en las heridas.
Espejismo colgado
con clavos de falsa esperanza;
exilio en el pecho que estalla,
gritando,
llorando terror que pinta los labios,
con lágrimas que ceden los motivos,
a la sombra mortal que amarra los sentidos.
Horror al silencio que arrulla,
que abreva conciencia y te nubla,
que asesina tu tiempo
y aunque no quieras te muta.
¡Ah maldito miedo!
Ubicuo miedo
¡Que frías son tus aguas!
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