La Espartana
Hija del Fuego
Tengo miedo de mirarme en mi sombra
y no verla junto a la tuya.
Tengo miedo de nombrarte y acabarme tu nombre,
que se esfumen los testigos de que exististe y fuiste luz,
me aterra pensarte y que se me agote la memoria de vos.
Tengo miedo de soñarte cuando la noche me traga,
que mis estériles ojos se olviden de llorarte;
no tengo el valor de buscarte en mis recuerdos
por temor a encontrarte abandonada.
Tengo miedo a no ser la flor de tu otoño
y que se me escape tu nombre cuando mi boca estalla
en el intento de no gritar que te extraño, mamá:
¿es el olvido proporcional a la memoria?,
¿cada vez que te busco agoto la posibilidad de tenerte?
Tengo miedo que estas manos ya no sepan escribirte
y que en estos versos se disuelva tu aroma,
temo descubrir que no tengo alma
y no saber con qué parte de mí te sigo amando.
¿Cómo sabrás que no te he olvidado?
¿Tuviste miedo, también, de irte sin mí?
Tengo miedo de documentar la estatura de tu risa,
el volumen de tus latidos,
de contabilizar cuántas aves adornaban tu nombre.
Temo perderme en el intento de abrir la jaula de mi pecho
y que el ave rapaz del olvido devore todo el amor
que dejaste en estas manos,
que necesitan escribir y describirte
una y otra vez, una y otra vez hasta aprender
de memoria
que tus ojos que ya no me miran,
pero que un día fueron luz... de mi vida.
y no verla junto a la tuya.
Tengo miedo de nombrarte y acabarme tu nombre,
que se esfumen los testigos de que exististe y fuiste luz,
me aterra pensarte y que se me agote la memoria de vos.
Tengo miedo de soñarte cuando la noche me traga,
que mis estériles ojos se olviden de llorarte;
no tengo el valor de buscarte en mis recuerdos
por temor a encontrarte abandonada.
Tengo miedo a no ser la flor de tu otoño
y que se me escape tu nombre cuando mi boca estalla
en el intento de no gritar que te extraño, mamá:
¿es el olvido proporcional a la memoria?,
¿cada vez que te busco agoto la posibilidad de tenerte?
Tengo miedo que estas manos ya no sepan escribirte
y que en estos versos se disuelva tu aroma,
temo descubrir que no tengo alma
y no saber con qué parte de mí te sigo amando.
¿Cómo sabrás que no te he olvidado?
¿Tuviste miedo, también, de irte sin mí?
Tengo miedo de documentar la estatura de tu risa,
el volumen de tus latidos,
de contabilizar cuántas aves adornaban tu nombre.
Temo perderme en el intento de abrir la jaula de mi pecho
y que el ave rapaz del olvido devore todo el amor
que dejaste en estas manos,
que necesitan escribir y describirte
una y otra vez, una y otra vez hasta aprender
de memoria
que tus ojos que ya no me miran,
pero que un día fueron luz... de mi vida.