Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
MIERCOLES DE CENIZA
Terminó el carnaval.
Los días saltan fervorosos de los anaqueles
con que febrero los expende a gusto.
Colores náufragos nadie más advierte en las miradas.
Mientras sellan cruces de ceniza en la frente
la sentencia no cambia todavía:
Polvo somos, al polvo volveremos
y queda en el aire flotando
esa angustia por no ser los eternos convidados, los ángeles
que disimulan su miedo tras escafandras de harina.
Es la cuaresma del cuerpo, del placer, de la carne.
Todo lleva un hálito de fiesta escondida y malograda.
Marcas delatan al hombre,
crucifijo de un sepelio más allá de esta vida.
Terminó el carnaval.
Los días saltan fervorosos de los anaqueles
con que febrero los expende a gusto.
Colores náufragos nadie más advierte en las miradas.
Mientras sellan cruces de ceniza en la frente
la sentencia no cambia todavía:
Polvo somos, al polvo volveremos
y queda en el aire flotando
esa angustia por no ser los eternos convidados, los ángeles
que disimulan su miedo tras escafandras de harina.
Es la cuaresma del cuerpo, del placer, de la carne.
Todo lleva un hálito de fiesta escondida y malograda.
Marcas delatan al hombre,
crucifijo de un sepelio más allá de esta vida.