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Miércoles

KoolNameGoesHere

Poeta recién llegado
—Y así estuvo la tan esperada reunión

Tomó aire varias veces como para recobrar la compostura que había perdido mientras me contaba sobre su atareada mañana, luego se volvió con decisión y besó mi mejilla. Aturdida y escondiendo la emoción esperé a que dijera algo

— ¡Gracias por escucharme!
—Pa… para eso estamos… los amigos— intenté decir con convicción, escondiendo tras la garganta cualquier rastro de melancolía que demostrara lo que me dolía decirlo en voz alta

Pasó su brazo por mi espalda y me acercó un poco más a él, como si ya no me encontrara lo suficientemente cerca para tener que estarme recordando el ahora complicado proceso de respirar. Alcé la mirada con curiosidad, pensé que tal vez su rostro me dejaría devorar algún trozo de esperanza, y entonces encontré sus ojos, perdidos entre la lluvia que caía ya con menos fuerza fuera de aquella oficina… intentaba relajarme, sabía que él podía sentir mi tensión… pero su insondable mirada permeaba todo rayo de tranquilidad para mí, así que me enderecé, fingí estirarme en el cómodo sofá

— ¿Qué pasa?— preguntó extraviado ante mi impredecible sobresalto
—Nada…— respondí distraída— me duele un poco el cuello, además hace frío
—¿Vamos por un chocolate?— preguntó con entusiasmo

Asentí sin mucha emoción y nos pusimos de pie sincronizados, salimos, atravesamos el pasillo de miradas intrigadas al vernos salir abrazados de la depresiva oficina de presidencia, bajamos por las escaleras de madera y caminamos hasta el enorme comedor estudiantil. No había mucha gente, solo los individuos suficientes para hacer del momento algo incómodo…
Él se acercó a una mesa donde estaban sentados su coordinador de grupo y alguien que yo nunca había visto, los saludó felizmente y yo sólo sonreí cuando voltearon a verme. Él compró chocolate para ambos y nos sentamos en la misma mesa, los tres hacían bromas incomprensibles al idioma femenino, o tal vez solo hablaban de política; de todas formas no podía concentrarme en tantas cosas al mismo tiempo.

Aún no habíamos terminado de tomarnos nuestros chocolates cuando alzó la manga de su suéter negro y miró el reloj
—Aún faltan quince minutos para la clase— mencionó con poco entusiasmo y luego de analizarlo entendí que me hablaba a mí
—Oh…— dije sin alguna respuesta coherente

Supe que saliendo del comedor y a nuestro paso duraríamos unos diez minutos en atravesar el campus hasta el antiguo edificio
—Y aún tenemos que volver a la oficina por las cosas— recalcó como si hubiera estado hurgando en mis pensamientos, pero luego supe que era estúpido pensarlo… si hubiera visto la misma imagen que yo había proyectado en mi mente de los dos caminando por el pretil bajo la lluvia, en definitiva hubiera salido despavorido en busca de ayuda
—Vamos— dije entonces con voz decidida

Nos pusimos de pie y volvimos a las oficinas, las mismas miradas de antes chocaron contra la mía; era estorboso el modo en el que mis deseos convergían con sus suposiciones… falsas, por supuesto.
Entré a la oficina, tomé mi bolso y volví a salir con rapidez, a él tuve que esperarlo para que se despidiera de mis nuevos acusadores personales. La lluvia había cesado no sé en qué momento, ahora solo una suave llovizna se dejaba caer sobre mi pelo y mi rostro… había una suavidad en el aire, la tenue luz del sol detrás de los nubarrones ya esclarecidos y la compañía hacían de la imagen una réplica de mis más recientes desvaríos

Suspiré sin siquiera pensar y sentí mi cuerpo un poco más relajado ya que nos habíamos alejado del territorio que yo consideraba enemigo, aunque él trabajara ahí.

Cuando me percaté ya habíamos subido hasta el tercer piso del edificio de estudios generales y faltaban apenas unos metros para ingresar al aula, sacudí la cabeza para acomodar los pensamientos y entramos. El aula estaba oscura y apenas dos televisores, proyectando una película que él había sugerido, iluminaban los cansados rostros de mis compañeros. Él y yo buscamos campos al fondo de la clase, al lado de la profesora y junto a la ventana que, a mí al menos, me daba un aire de libertad.
Y ahí me senté, aislada en mis absurdos pensamientos sobre una película de Michael Moore hasta que la clase finalizó con Wouldn’t it be nice sonando por los altoparlantes… los dos bajamos hasta la planta baja del edificio aún comentando más sobre la ironía de la canción que del filme en sí.

Y entonces supe que venía el momento del día en el que pasaba lo más triste
—Ya se va a ir el bus— me recordó
No pude evitar titiritar de solo pensarlo, aunque el frío ambiente ayudó a disimular mi pesadumbre
—Sí— respondí en voz baja— mejor ya me voy

Él se acercó a mí, me rodeó con sus brazos de figura de acción de algún héroe infantil y me besó la mejilla con suavidad… un grave estremecimiento recorrió mi cuerpo formando un vacío alrededor, dejándonos inmersos en la nada… pero era claro que solo yo había notado el invisible vacío y la inexistente energía que nos unía.

— Hasta luego— dijimos los dos al mismo tiempo

Me volví y caminé rápido hacia la parada de mi autobús, sabía que si volteaba a verlo aunque fuera una sola vez, acabaría devolviéndome, diciéndole la verdad. Entonces solo seguí caminando, intentando, extinguiéndome.
 
—Y así estuvo la tan esperada reunión



Tomó aire varias veces como para recobrar la compostura que había perdido mientras me contaba sobre su atareada mañana, luego se volvió con decisión y besó mi mejilla. Aturdida y escondiendo la emoción esperé a que dijera algo


— ¡Gracias por escucharme!
—Pa… para eso estamos… los amigos— intenté decir con convicción, escondiendo tras la garganta cualquier rastro de melancolía que demostrara lo que me dolía decirlo en voz alta


Pasó su brazo por mi espalda y me acercó un poco más a él, como si ya no me encontrara lo suficientemente cerca para tener que estarme recordando el ahora complicado proceso de respirar. Alcé la mirada con curiosidad, pensé que tal vez su rostro me dejaría devorar algún trozo de esperanza, y entonces encontré sus ojos, perdidos entre la lluvia que caía ya con menos fuerza fuera de aquella oficina… intentaba relajarme, sabía que él podía sentir mi tensión… pero su insondable mirada permeaba todo rayo de tranquilidad para mí, así que me enderecé, fingí estirarme en el cómodo sofá


— ¿Qué pasa?— preguntó extraviado ante mi impredecible sobresalto
—Nada…— respondí distraída— me duele un poco el cuello, además hace frío
—¿Vamos por un chocolate?— preguntó con entusiasmo


Asentí sin mucha emoción y nos pusimos de pie sincronizados, salimos, atravesamos el pasillo de miradas intrigadas al vernos salir abrazados de la depresiva oficina de presidencia, bajamos por las escaleras de madera y caminamos hasta el enorme comedor estudiantil. No había mucha gente, solo los individuos suficientes para hacer del momento algo incómodo…
Él se acercó a una mesa donde estaban sentados su coordinador de grupo y alguien que yo nunca había visto, los saludó felizmente y yo sólo sonreí cuando voltearon a verme. Él compró chocolate para ambos y nos sentamos en la misma mesa, los tres hacían bromas incomprensibles al idioma femenino, o tal vez solo hablaban de política; de todas formas no podía concentrarme en tantas cosas al mismo tiempo.


Aún no habíamos terminado de tomarnos nuestros chocolates cuando alzó la manga de su suéter negro y miró el reloj
—Aún faltan quince minutos para la clase— mencionó con poco entusiasmo y luego de analizarlo entendí que me hablaba a mí
—Oh…— dije sin alguna respuesta coherente


Supe que saliendo del comedor y a nuestro paso duraríamos unos diez minutos en atravesar el campus hasta el antiguo edificio
—Y aún tenemos que volver a la oficina por las cosas— recalcó como si hubiera estado hurgando en mis pensamientos, pero luego supe que era estúpido pensarlo… si hubiera visto la misma imagen que yo había proyectado en mi mente de los dos caminando por el pretil bajo la lluvia, en definitiva hubiera salido despavorido en busca de ayuda
—Vamos— dije entonces con voz decidida


Nos pusimos de pie y volvimos a las oficinas, las mismas miradas de antes chocaron contra la mía; era estorboso el modo en el que mis deseos convergían con sus suposiciones… falsas, por supuesto.
Entré a la oficina, tomé mi bolso y volví a salir con rapidez, a él tuve que esperarlo para que se despidiera de mis nuevos acusadores personales. La lluvia había cesado no sé en qué momento, ahora solo una suave llovizna se dejaba caer sobre mi pelo y mi rostro… había una suavidad en el aire, la tenue luz del sol detrás de los nubarrones ya esclarecidos y la compañía hacían de la imagen una réplica de mis más recientes desvaríos


Suspiré sin siquiera pensar y sentí mi cuerpo un poco más relajado ya que nos habíamos alejado del territorio que yo consideraba enemigo, aunque él trabajara ahí.


Cuando me percaté ya habíamos subido hasta el tercer piso del edificio de estudios generales y faltaban apenas unos metros para ingresar al aula, sacudí la cabeza para acomodar los pensamientos y entramos. El aula estaba oscura y apenas dos televisores, proyectando una película que él había sugerido, iluminaban los cansados rostros de mis compañeros. Él y yo buscamos campos al fondo de la clase, al lado de la profesora y junto a la ventana que, a mí al menos, me daba un aire de libertad.
Y ahí me senté, aislada en mis absurdos pensamientos sobre una película de Michael Moore hasta que la clase finalizó con Wouldn’t it be nice sonando por los altoparlantes… los dos bajamos hasta la planta baja del edificio aún comentando más sobre la ironía de la canción que del filme en sí.


Y entonces supe que venía el momento del día en el que pasaba lo más triste
—Ya se va a ir el bus— me recordó
No pude evitar titiritar de solo pensarlo, aunque el frío ambiente ayudó a disimular mi pesadumbre
—Sí— respondí en voz baja— mejor ya me voy


Él se acercó a mí, me rodeó con sus brazos de figura de acción de algún héroe infantil y me besó la mejilla con suavidad… un grave estremecimiento recorrió mi cuerpo formando un vacío alrededor, dejándonos inmersos en la nada… pero era claro que solo yo había notado el invisible vacío y la inexistente energía que nos unía.


— Hasta luego— dijimos los dos al mismo tiempo



Me volví y caminé rápido hacia la parada de mi autobús, sabía que si volteaba a verlo aunque fuera una sola vez, acabaría devolviéndome, diciéndole la verdad. Entonces solo seguí caminando, intentando, extinguiéndome.



:bienvenido:

Pero por qué caminaste.... :::ohmy::: Que maaaaaaaaaaal:::blush:::

:::sorpresa1:::Vive el cariño, el amor, el sentimiento!!!!

Es un gusto leerte:) Besos cósmicos:::hug:::
 

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