Víctor Mileo
Poeta adicto al portal
Los rosales de la luna
son como la sangre crepuscular
de una tarde con la inciensada madreselva eclipsándose
en la pupila del catalejo.
Donde el marinero se cicatriza la mirada que el horizonte le desenvuelve
arterial en una de sus epifanías.
También en ese raíl donde descarrila la noche mezcla de rosado violeta de rasurados esquejes de jardín.
Luceros durmiendo las rachas de nubes, esparcidas como el talco
que cura la irritación.
Del anochecer
ahí te buscan madre de los flecos del sol, tu falta de tiempo cociéndose con certezas le amasa la ruta al viaje, mañana de ese
gozoso dialecto del cuerpo
saliendo de su anestesia diaria como castillos con raíces de piedra.
Ningún túnel habita nuestra huida,
saldremos por la misma puerta que llegamos.
SIN TRAGEDIAS
diásporas del mecido
aullador tu luna sangra espinas de rosales migrando
el pétalo del viajero.
son como la sangre crepuscular
de una tarde con la inciensada madreselva eclipsándose
en la pupila del catalejo.
Donde el marinero se cicatriza la mirada que el horizonte le desenvuelve
arterial en una de sus epifanías.
También en ese raíl donde descarrila la noche mezcla de rosado violeta de rasurados esquejes de jardín.
Luceros durmiendo las rachas de nubes, esparcidas como el talco
que cura la irritación.
Del anochecer
ahí te buscan madre de los flecos del sol, tu falta de tiempo cociéndose con certezas le amasa la ruta al viaje, mañana de ese
gozoso dialecto del cuerpo
saliendo de su anestesia diaria como castillos con raíces de piedra.
Ningún túnel habita nuestra huida,
saldremos por la misma puerta que llegamos.
SIN TRAGEDIAS
diásporas del mecido
aullador tu luna sangra espinas de rosales migrando
el pétalo del viajero.
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