Manuel Bast
Poeta que considera el portal su segunda casa
Esta sensación de amarla,
me ha llevado a componer
poemas, que al parecer
no consiguen descifrarla.
En liras he de plasmarla
tal cual mi mente la ansía,
con la virtud de Harmonía
y el sortilegio de Hera;
si tan solo se pudiera,
mil años, ¡yo la amaría!
Por ser suyo escribiría
lo más bello de este mundo
y tan solo en un segundo
reinventara la poesía.
Cual celestial ambrosía,
alimento de los dioses,
ha de ser vivir los goces
de su hermosura real,
que inspiran lo espiritual
de estos, mis versos precoces.
Mas, entiendo que mil voces
se sumarán al embate:
¡vasallo, aprendiz de vate,
igualándose a los dioses!
Los castigos, aunque atroces,
sin pesar, soportaría;
e hincado ante usted diría,
que ni el Themis ni el Diké
entenderán el por qué
mil años, ¡yo la amaría!
me ha llevado a componer
poemas, que al parecer
no consiguen descifrarla.
En liras he de plasmarla
tal cual mi mente la ansía,
con la virtud de Harmonía
y el sortilegio de Hera;
si tan solo se pudiera,
mil años, ¡yo la amaría!
Por ser suyo escribiría
lo más bello de este mundo
y tan solo en un segundo
reinventara la poesía.
Cual celestial ambrosía,
alimento de los dioses,
ha de ser vivir los goces
de su hermosura real,
que inspiran lo espiritual
de estos, mis versos precoces.
Mas, entiendo que mil voces
se sumarán al embate:
¡vasallo, aprendiz de vate,
igualándose a los dioses!
Los castigos, aunque atroces,
sin pesar, soportaría;
e hincado ante usted diría,
que ni el Themis ni el Diké
entenderán el por qué
mil años, ¡yo la amaría!