Luis Alberto Garcia
Poeta recién llegado
En lo postrero de la tierra
Por senderos tan largos y desolados
En los cuales su recorrido,
no se mide en horas ni kilómetros, sino en días.
Se encuentra la mina San Felipe.
En la que cada jornada nace una plegaria…
-“Ofrenda y respeto al señor del inframundo
Esperando entrar y salir del estómago del abismo insaciable.
Permítenos ganarnos la vida en este
Descomunal ataúd de piedra.”
Nos colocamos los cascos con lámparas…
Somos luciérnagas de la noche eterna
Entrando en lo profundo de la montaña
Persiguiendo hilos de plomo, bronce y plata.
Rocas – músculos…
Metal – huesos…
Batalla injusta.
Pero alargada en el tiempo por una hoja verde ,
Que nos quita el hambre.
Que adormece el cuerpo
Que elimina las ganas de dormir.
Pero el sueño sigue ahí
Ese sueño de días mejores.
Por senderos tan largos y desolados
En los cuales su recorrido,
no se mide en horas ni kilómetros, sino en días.
Se encuentra la mina San Felipe.
En la que cada jornada nace una plegaria…
-“Ofrenda y respeto al señor del inframundo
Esperando entrar y salir del estómago del abismo insaciable.
Permítenos ganarnos la vida en este
Descomunal ataúd de piedra.”
Nos colocamos los cascos con lámparas…
Somos luciérnagas de la noche eterna
Entrando en lo profundo de la montaña
Persiguiendo hilos de plomo, bronce y plata.
Rocas – músculos…
Metal – huesos…
Batalla injusta.
Pero alargada en el tiempo por una hoja verde ,
Que nos quita el hambre.
Que adormece el cuerpo
Que elimina las ganas de dormir.
Pero el sueño sigue ahí
Ese sueño de días mejores.