errante xilos
Poeta recién llegado
Saludos importante personaje de las realidades,
saludos, saludos todos...
Buenos días comienzo impertinente de la experiencia,
estamos en la mañana de toda esta suciedad,
estamos comenzando en la hilaridad de la ingenuidad,
estamos caminando entre verdes frutos y plantas recién sembradas,
estamos dilatando la espera,
estamos pensando en la tarde;
pero sin recordar el tiempo ancestral...
Estamos...
Y subiendo en un vehículo,
mostramos curiosidad como la de un niño,
cuando un muchacho nos promete contarnos,
lo que no le ha contado a nadie,
y que en la nube del desconcierto se guarda en la imaginación;
conforme avance lo dirá...
Es de madrugada,
los sonidos son secos en estas horas,
la visión y el olor
son raros,
como si la nada estuviera impregnada
en los destellos de conciencia,
como si el día en que vive el resto de mortales
sea distinta,
a pesar de estar en la misma ubicación...
Es la tarde de lo que quería ver,
fui testigo de lo que tenía que observar,
mis manos son de otro color ahora,
el día es diferente,
y el mismo cliché del presente
se torna infernalmente distinto,
pero no tengo miedo;
tengo sed,
tengo las manos cálidas,
los brazos cansados,
la fuerza en mis hombros muy grande,
la fe, imperiosa en mi corazón...
Son muchos los mensajes,
son muchas las idas y venidas,
los años, como objetos,
como segundos en un pasatiempo de fin de semana,
como la férrea imaginación de un anciano a punto de morir...
Estamos acá,
los cargos están amontonados,
los arados abandonados,
las frazadas ya no abrigan,
el frío recoge las almas,
el templo queda reducido a un recuerdo,
a un pensamiento...
Los días están contados,
el adolescente decía la verdad,
la mañana de colores cercana está...
Despertemos a la existencia,
entre la tarde y la noche,
los tordos vendrán...
La mañana queda impresa,
las cuerdas de nuestras voces reflejan
el pudor de una generación al vacío,
de una media vida vertiendo la leche,
llorando a través de la vía láctea...
Es hora,
las campanadas dan las trece...
saludos, saludos todos...
Buenos días comienzo impertinente de la experiencia,
estamos en la mañana de toda esta suciedad,
estamos comenzando en la hilaridad de la ingenuidad,
estamos caminando entre verdes frutos y plantas recién sembradas,
estamos dilatando la espera,
estamos pensando en la tarde;
pero sin recordar el tiempo ancestral...
Estamos...
Y subiendo en un vehículo,
mostramos curiosidad como la de un niño,
cuando un muchacho nos promete contarnos,
lo que no le ha contado a nadie,
y que en la nube del desconcierto se guarda en la imaginación;
conforme avance lo dirá...
Es de madrugada,
los sonidos son secos en estas horas,
la visión y el olor
son raros,
como si la nada estuviera impregnada
en los destellos de conciencia,
como si el día en que vive el resto de mortales
sea distinta,
a pesar de estar en la misma ubicación...
Es la tarde de lo que quería ver,
fui testigo de lo que tenía que observar,
mis manos son de otro color ahora,
el día es diferente,
y el mismo cliché del presente
se torna infernalmente distinto,
pero no tengo miedo;
tengo sed,
tengo las manos cálidas,
los brazos cansados,
la fuerza en mis hombros muy grande,
la fe, imperiosa en mi corazón...
Son muchos los mensajes,
son muchas las idas y venidas,
los años, como objetos,
como segundos en un pasatiempo de fin de semana,
como la férrea imaginación de un anciano a punto de morir...
Estamos acá,
los cargos están amontonados,
los arados abandonados,
las frazadas ya no abrigan,
el frío recoge las almas,
el templo queda reducido a un recuerdo,
a un pensamiento...
Los días están contados,
el adolescente decía la verdad,
la mañana de colores cercana está...
Despertemos a la existencia,
entre la tarde y la noche,
los tordos vendrán...
La mañana queda impresa,
las cuerdas de nuestras voces reflejan
el pudor de una generación al vacío,
de una media vida vertiendo la leche,
llorando a través de la vía láctea...
Es hora,
las campanadas dan las trece...