Pluma libre
Poeta recién llegado
Minutos en el fuego ahogados,
Sin paraíso ni infierno,
El cántico de un dulce cuervo,
El silencio me robó.
La campana que no para de sonar,
Que unifica hasta el más injusto,
Pobre caminante robusto,
El sol te consumió.
Grito fuerte en vano,
Y el oído se hace el sordo,
Corro en el aire como el tordo,
Hasta llegar a las cerezas.
Como si esto poco fuera,
Mi plumaje se emblanqueció,
Dulce paloma de Dios,
Con la inconsciencia que me besa.
Recorro mil caminos,
Hasta desgastar mi planta,
El cansancio que no me espanta,
Lo convenzo con vino.
Debo llegar al pino,
Y escalar hasta lo más alto,
Cosechar un par de estrellas,
Y seguir con mi canto.
Despedirme de los santos,
Y bajar hasta la mar,
Con la ballena conversar,
Y hacerme el loco con los locos,
Para hundirme poco a poco,
Y mis minutos recuperar.
Sin paraíso ni infierno,
El cántico de un dulce cuervo,
El silencio me robó.
La campana que no para de sonar,
Que unifica hasta el más injusto,
Pobre caminante robusto,
El sol te consumió.
Grito fuerte en vano,
Y el oído se hace el sordo,
Corro en el aire como el tordo,
Hasta llegar a las cerezas.
Como si esto poco fuera,
Mi plumaje se emblanqueció,
Dulce paloma de Dios,
Con la inconsciencia que me besa.
Recorro mil caminos,
Hasta desgastar mi planta,
El cansancio que no me espanta,
Lo convenzo con vino.
Debo llegar al pino,
Y escalar hasta lo más alto,
Cosechar un par de estrellas,
Y seguir con mi canto.
Despedirme de los santos,
Y bajar hasta la mar,
Con la ballena conversar,
Y hacerme el loco con los locos,
Para hundirme poco a poco,
Y mis minutos recuperar.
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