salgomanzano
Poeta veterano en el portal
Miraré de la noche estrellas que titilan.
Miraré de la noche la plateada luna.
Miraré la cinta de agua que a lo lejos brilla.
Miraré las encenizadas crestas de Aznaitín y Mágina.
Miraré las enceradas mieses,mecidas por la brisa.
Oiré el sonsonete aserrar de la chicharra.
Miraré la unión del horizonte con la tierra -lejanas lejanías-.
Oiré el desaforado croar de la rana sestera.
Miraré el planeado vuelo del cernícalo,
desde lo alto oteando sus presas.
Miraré el intenso azul,cruzado por el vuelo del vencejo.
Miraré los polvorientos caminos que culebrean
por entre un mar azulado de grisas olivares.
Oiré el piar de las aves por la acequia..
Oiré el crotorar de la cigüeña, garabato sobre la espadaña´.
Miraré el delicado rosa de la combinación femenina de la adelfa.
Oiré el sonar de las chirriantes carretas,llevándose los troncos muertos.
Miraré el amarillo de la gayomba por las cunetas.
Miraré la vieja estación del tren sin vida.
Oiré el sonoro rodar de los neumáticos por la vieja carretera.
Miraré el extendido paisaje a la vista,
que yo mi iré y se quedará cada tarde el sol puesto
dejando gasas de arrebol;
que yo me iré y el lucero de la tarde cintila.
Miraré de la noche la plateada luna.
Miraré la cinta de agua que a lo lejos brilla.
Miraré las encenizadas crestas de Aznaitín y Mágina.
Miraré las enceradas mieses,mecidas por la brisa.
Oiré el sonsonete aserrar de la chicharra.
Miraré la unión del horizonte con la tierra -lejanas lejanías-.
Oiré el desaforado croar de la rana sestera.
Miraré el planeado vuelo del cernícalo,
desde lo alto oteando sus presas.
Miraré el intenso azul,cruzado por el vuelo del vencejo.
Miraré los polvorientos caminos que culebrean
por entre un mar azulado de grisas olivares.
Oiré el piar de las aves por la acequia..
Oiré el crotorar de la cigüeña, garabato sobre la espadaña´.
Miraré el delicado rosa de la combinación femenina de la adelfa.
Oiré el sonar de las chirriantes carretas,llevándose los troncos muertos.
Miraré el amarillo de la gayomba por las cunetas.
Miraré la vieja estación del tren sin vida.
Oiré el sonoro rodar de los neumáticos por la vieja carretera.
Miraré el extendido paisaje a la vista,
que yo mi iré y se quedará cada tarde el sol puesto
dejando gasas de arrebol;
que yo me iré y el lucero de la tarde cintila.