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Mirando el mar

Óscar Pérez

Poeta asiduo al portal
Mirando el mar

Para qué será el mar, pregunta el niño
con el mar en los brazos y una ola estrangulada,
para qué las gaviotas, que parecen
un colgante en el aire con sus alas resecas.
Sigamos con el mar, para qué sirve,
si es apenas la gris alfombra del desecho,
miren bajo él, verán los muertos del tirano
y las heces y el petróleo y otros huesos,
los del pollo del domingo y de cada flor suicida.

Tiene un misterio, dicen, pero Colón se fue de lengua
y desde entonces cambiamos nuestros tesoros por palabras:
conquistas, dictaduras, subempleo, lentejuelas, basta ya.
Aun así nos llama, nos pide con paciencia
que repitamos su canto de memoria en las aceras,
que cuidemos los peces que tierra adentro fueron
y en las minas callaron, cocinados por la muerte.
Quizá tan sólo sirve para hacernos más preguntas,
con esa eternidad que adopta si atardece,
con esa frialdad al devolver el cuerpo ahogado,
con ese sin cesar vaivén de fiesta o trance.
Y aquí que somos tantos, pero que tan poco sabemos,
igual que caracolas reproducimos su concierto,
su sólido llamado de sirena hecha de espuma,
su buscar un para qué cuando en su espejo nos miramos.

06 11 11
 
Óscar Pérez;3833603 dijo:
Mirando el mar

Para qué será el mar, pregunta el niño
con el mar en los brazos y una ola estrangulada,
para qué las gaviotas, que parecen
un colgante en el aire con sus alas resecas.
Sigamos con el mar, para qué sirve,
si es apenas la gris alfombra del desecho,
miren bajo él, verán los muertos del tirano
y las heces y el petróleo y otros huesos,
los del pollo del domingo y de cada flor suicida.

Tiene un misterio, dicen, pero Colón se fue de lengua
y desde entonces cambiamos nuestros tesoros por palabras:
conquistas, dictaduras, subempleo, lentejuelas, basta ya.
Aun así nos llama, nos pide con paciencia
que repitamos su canto de memoria en las aceras,
que cuidemos los peces que tierra adentro fueron
y en las minas callaron, cocinados por la muerte.
Quizá tan sólo sirve para hacernos más preguntas,
con esa eternidad que adopta si atardece,
con esa frialdad al devolver el cuerpo ahogado,
con ese sin cesar vaivén de fiesta o trance.
Y aquí que somos tantos, pero que tan poco sabemos,
igual que caracolas reproducimos su concierto,
su sólido llamado de sirena hecha de espuma,
su buscar un para qué cuando en su espejo nos miramos.

06 11 11


No dejemos de mirarlo,
admirarlo y preguntar,preguntarnos,
porqué esa tendencia a destruir las fuentes de vida.
Un placer leerte




 

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