Sorciere
Poeta recién llegado
Murmurad, estrellas
La pálida odisea de la muerte quieta
Se asientan en su regazo crueles huellas
Y el recuerdo de una silueta
Tenue augurio de la soledad
Áspid que muerde sin piedad
Suave brisa habéis de sentir, estrellas
Cuando se os presente la aterida
Blanca luna con piel de centellas
Su madre más querida
Pero la suerte del cabello de fuego
No es más que sólo un juego
Haced crecer las serias avenidas, estrellas
Abandonadas en un mes de Julio
No brillaban las doncellas
Todas vestían de tertulio
Ese día estaba fría
Ya ni siquiera era mía
No la juzguéis, estrellas
Razón tuvo, la comprendo
No ha de ser objeto de vuestras querellas
O a ustedes las reprendo
Después de todo, nadie puede amar
A un incendio que no se puede apagar
La pálida odisea de la muerte quieta
Se asientan en su regazo crueles huellas
Y el recuerdo de una silueta
Tenue augurio de la soledad
Áspid que muerde sin piedad
Suave brisa habéis de sentir, estrellas
Cuando se os presente la aterida
Blanca luna con piel de centellas
Su madre más querida
Pero la suerte del cabello de fuego
No es más que sólo un juego
Haced crecer las serias avenidas, estrellas
Abandonadas en un mes de Julio
No brillaban las doncellas
Todas vestían de tertulio
Ese día estaba fría
Ya ni siquiera era mía
No la juzguéis, estrellas
Razón tuvo, la comprendo
No ha de ser objeto de vuestras querellas
O a ustedes las reprendo
Después de todo, nadie puede amar
A un incendio que no se puede apagar