Ana María Giordano
Poeta que no puede vivir sin el portal
Recorro por vórtices
donde el céfiro llega,
mi alma es tenue y el aire la mece,
la eleva, la gira,
la envuelve con bruma,
la limpia de todo
le quita las llagas.
Navego los ríos que surcan la vida;
buscando agua fresca,
para saciar la sed
por no tener cordura.
Me sumerjo en valles cristalinos
me hundo, me ahogo.
Pero resurjo
y seco mis lágrimas ocultas,
que son gotas de rocío
néctar del alba.
Libre retomo la senda
me invade el silencio
la pasión me calcina,
enciende la flama que quema el madero.
Y deshecha en brasas,
de mis cenizas, al fin resucito.
mi alma es tenue y el aire la mece,
la eleva, la gira,
la envuelve con bruma,
la limpia de todo
le quita las llagas.
Navego los ríos que surcan la vida;
buscando agua fresca,
para saciar la sed
por no tener cordura.
Me sumerjo en valles cristalinos
me hundo, me ahogo.
Pero resurjo
y seco mis lágrimas ocultas,
que son gotas de rocío
néctar del alba.
Libre retomo la senda
me invade el silencio
la pasión me calcina,
enciende la flama que quema el madero.
Y deshecha en brasas,
de mis cenizas, al fin resucito.
Hiendo en el limo mis pisadas huecas,
entro por caminos claros,
piso la grava que luce verde.
Es primavera,
florecen los prados.
piso la grava que luce verde.
Es primavera,
florecen los prados.
Cuatro elementos forman mi esencia:
el aire, el agua y el fuego, .
en un todo integrado
que me pertenece
Le dan vida a mi alma
piden muerte a mi vida.
en un todo integrado
que me pertenece
Le dan vida a mi alma
piden muerte a mi vida.
Y cuando llegue el crepúsculo,
mi instante finito.
El cuarto será
¡La tierra encima!
El cuarto será
¡La tierra encima!
Ana María Di Bert Giordano
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