MIS DEDOS DERIVAN A TUS RAMAJES
Presentir que la vida es naufragio
melancolía, desesperanza, tinieblas
de una profunda noche que sueña
con las claridades de amaneceres.
Melancolía,
para comprender el cortejo de los hambrientos
y afligidos aullidos de las palabras sin destino.
Desesperanza
para escuchar los sollozos de las fortalezas
y ecos de dolores ahuyentados en mis oídos.
Tinieblas
para entender el gemido del viento que suspira
mientras el rocío llora en los ojos de la mañana.
Pero...,
mis manos repasan tu horizonte,
juegan con las alas del Silencio,
cuando en la impresionante calma
duermen esas, las ateridas tinieblas.
La noche se desliza gimiente
y su sollozo deja un resplandor,
sobre el paso de los arroyos
y el camino suave de las palomas.
Me siento entregado a esa calma,
llora mi corazón ingenuo, una lluvia
que deja sus quejas en las ramas,
en el grito atravesado de tu oído.
Escucho,
cuando solo se oyen el palpitar de las plantas.
Miro,
cuando la aflicción de la noche envuelve todo.
Entonces,
mis dedos derivan a tus ramajes,
hablan con tus paisajes sosegados
y colorean el hilo de tus abalorios
que se diluyen disueltos en el placer.
* * * * * * *
luzyabsenta
Presentir que la vida es naufragio
melancolía, desesperanza, tinieblas
de una profunda noche que sueña
con las claridades de amaneceres.
Melancolía,
para comprender el cortejo de los hambrientos
y afligidos aullidos de las palabras sin destino.
Desesperanza
para escuchar los sollozos de las fortalezas
y ecos de dolores ahuyentados en mis oídos.
Tinieblas
para entender el gemido del viento que suspira
mientras el rocío llora en los ojos de la mañana.
Pero...,
mis manos repasan tu horizonte,
juegan con las alas del Silencio,
cuando en la impresionante calma
duermen esas, las ateridas tinieblas.
La noche se desliza gimiente
y su sollozo deja un resplandor,
sobre el paso de los arroyos
y el camino suave de las palomas.
Me siento entregado a esa calma,
llora mi corazón ingenuo, una lluvia
que deja sus quejas en las ramas,
en el grito atravesado de tu oído.
Escucho,
cuando solo se oyen el palpitar de las plantas.
Miro,
cuando la aflicción de la noche envuelve todo.
Entonces,
mis dedos derivan a tus ramajes,
hablan con tus paisajes sosegados
y colorean el hilo de tus abalorios
que se diluyen disueltos en el placer.
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luzyabsenta
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