Mis dedos y tu espalda.

NiñoNube

Poeta asiduo al portal
Se encontraban los dos, desnudos.
Abrazados sobre aquel colchón.
Los ojos descubriéndose.
Curiosos, aprendiendo todo lo que debían aprender.
Los cuerpos juntos, muy juntos.
Regocijados en ese abrazo tan esperado y deseado.
Se miraban sin hablar.
En sus labios, los besos adueñándose de todo.
Besos que iban conquistando el terreno,
que tanto tiempo les había sido negado.
Las manos recorriendo la piel.
La piel estremecida por el deseo.
Los dedos de ella, enredados en el pelo de él.
Los de él, investigando la espalda de ella.
Y en ese paseo por la suave piel femenina,
aquellos dedos llegaron al sur.
Donde dicen eso, de que se pierde el buen nombre.
La sorpresa se dibujó en su rostro.
Acariciaba suavemente esa pequeña hendidura.
Ese lugar donde nace la separación de las nalgas.
Hermosas nalgas dicho sea de paso.
En ese punto, estaba él ensimismado.
¿Qué te pasa? Ella le pregunto.
Verás, niña.
Yo antes era un afamado escultor.
Mis manos puse a las órdenes del Gran Creador.
Por ellas pasaron los más diversos seres del mundo conocido.
Y uno de esos seres, era la más bella de mis creaciones.
Una hermosa y dulce mujer, de sonrisa eterna.
En el momento de verla frente a mí,
prendado de sus encantos caí.
Me enamoré sin poder remediarlo, así es.
Pero fue enviada a poblar el mundo.
Ese era su deber.
Y dejarla marchar, mi deber fue.
Supe que la suerte no le acompañó en su viaje.
En malos brazos cayó.
Nunca, nada por ella pude hacer.
No me correspondía cambiar los avatares del destino.
Fue tanta la rabia y pena que sentí,
que nunca más pude esculpir.
Y hoy, tras años deambulando por esta tierra de sinsabores y dolor,
te encuentro a ti.
Ves este pequeño lugar, al final de tu espalda.
Donde sientes mis dedos pasear.
Es en este lugar donde puse mi huella, en aquel maravilloso ser,
que me fue arrebatado.
Un espacio perfectamente moldeado.
Un punto de unión donde nació el amor.
Eres tú la mujer que mis manos crearon
Y mis ojos vieron marchar.
Eres tú la pieza que se une a mí,
En perfecta comunión de las almas.
Eres tú.
Y hoy te tengo aquí, en mis brazos.
En la mirada de él, la lluvia.
En los ojos de ella emoción y ternura.
¿Y ahora, qué? Preguntó la niña.
Ahora…
Ahora nos amaremos y ya nunca te dejaré marchar…
 
Se encontraban los dos, desnudos.
Abrazados sobre aquel colchón.
Los ojos descubriéndose.
Curiosos, aprendiendo todo lo que debían aprender.
Los cuerpos juntos, muy juntos.
Regocijados en ese abrazo tan esperado y deseado.
Se miraban sin hablar.
En sus labios, los besos adueñándose de todo.
Besos que iban conquistando el terreno,
que tanto tiempo les había sido negado.
Las manos recorriendo la piel.
La piel estremecida por el deseo.
Los dedos de ella, enredados en el pelo de él.
Los de él, investigando la espalda de ella.
Y en ese paseo por la suave piel femenina,
aquellos dedos llegaron al sur.
Donde dicen eso, de que se pierde el buen nombre.
La sorpresa se dibujó en su rostro.
Acariciaba suavemente esa pequeña hendidura.
Ese lugar donde nace la separación de las nalgas.
Hermosas nalgas dicho sea de paso.
En ese punto, estaba él ensimismado.
¿Qué te pasa? Ella le pregunto.
Verás, niña.
Yo antes era un afamado escultor.
Mis manos puse a las órdenes del Gran Creador.
Por ellas pasaron los más diversos seres del mundo conocido.
Y uno de esos seres, era la más bella de mis creaciones.
Una hermosa y dulce mujer, de sonrisa eterna.
En el momento de verla frente a mí,
prendado de sus encantos caí.
Me enamoré sin poder remediarlo, así es.
Pero fue enviada a poblar el mundo.
Ese era su deber.
Y dejarla marchar, mi deber fue.
Supe que la suerte no le acompañó en su viaje.
En malos brazos cayó.
Nunca, nada por ella pude hacer.
No me correspondía cambiar los avatares del destino.
Fue tanta la rabia y pena que sentí,
que nunca más pude esculpir.
Y hoy, tras años deambulando por esta tierra de sinsabores y dolor,
te encuentro a ti.
Ves este pequeño lugar, al final de tu espalda.
Donde sientes mis dedos pasear.
Es en este lugar donde puse mi huella, en aquel maravilloso ser,
que me fue arrebatado.
Un espacio perfectamente moldeado.
Un punto de unión donde nació el amor.
Eres tú la mujer que mis manos crearon
Y mis ojos vieron marchar.
Eres tú la pieza que se une a mí,
En perfecta comunión de las almas.
Eres tú.
Y hoy te tengo aquí, en mis brazos.
En la mirada de él, la lluvia.
En los ojos de ella emoción y ternura.
¿Y ahora, qué? Preguntó la niña.
Ahora…
Ahora nos amaremos y ya nunca te dejaré marchar…


Enredarme entre tus piernas,saborearte, degustarte hasta que tus gemidos te sequen la garganta y pasear mis nalgas por tu cara.
El placer más absoluto.
Te amo Kiko
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba