Flor de agosto
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mis fases del amor-Fase 1
Las fases del amor se transforman con el tiempo. ¿Y quien sabe cuantas fases hay, o hasta cuanto tiempo hay?
Lo cierto es que hay un momento puntual cuando uno puede sentir la apertura y el cierre de cada fase. Y justamente hoy desperté pensando lo afortunada que he sido de poder examinar mis sentimientos cual tabla científica, desde un comienzo, para observar cómo mi corazón se ha calibrado con el tiempo. Entre lágrimas y risas he sentido mucho... He sentido profundo.
Recuerdo con detalle el momento cuando conocí a la personita que me introdujo a lo que yo sentí era mi primer amor.
¡Era lindo!
Yo con mis nueve añitos, y de la mano de mis padres conociendo a los nuevos vecinos. Me parece estar allí. Él, con su pelito negro y una sonrisa espectacular. La alegría le salía por los poros. Los ojos pícaros tenían su propia sonrisa. ¡Que ser tan hermoso! Camiseta de rayas, jeans y botitas negras.
Él, lleno de energía pregunta,
-“¿ Puedo jugar con el nene?”
-¡Que yo no soy nene¡ ¡Que soy nena! Dije yo, indignada.
-“Pues nena, ¿quieres jugar?”
Y allí comenzó una amistad linda que eventualmente me llevó a pensar que él era el amor de mi vida. Jugábamos al escondite, volamos chiringa (cometas), inventamos expediciones a otras lugares de nuestro pequeño mapa; un vecindario que nos parecía tan inmenso como el mismo globo terráqueo. Caminamos juntos hasta el fin de nuestro mundo cientos de veces. Hicimos miles de travesuras, aprendimos a bailar juntos, me enseñó a correr a caballo (que era su pasión); éramos inseparables.
Mi primer beso, fue bajo la influencia y presión de nuestra pandilla. Jugando a la botellita que justo se detuvo en él y me tocaba a mi.
¡Mi corazón dio un salto!
Yo...la nena que parecía un nene, a punto de experimentar mi primer beso con el amor de mi vida.
Fue maravilloso y tierno. Con lo tímida que siempre he sido hubiese pensado que sería solo un piquito, pero no. Cara a cara, él, que era dos años mayor, me miró fijo a los ojos, luego de una sonrisa inmensa y desafiante, tomó su tiempo, tocó sus labios con los míos y con delicadeza entró su lengua a mi boca para que las lenguas bailaran juntas. Ese beso inolvidable fue mi primera experiencia de un romance. Ni siquiera Corin Tellado había sacado una novela con todo lo que yo sentí en ese momento de mi corta vida .
Todo esto pasó en tiempos prehistóricos y todavía tiene el poder de hacerme sonrojar. ¡Que potente son las emociones!
Con el tiempo, crecíamos y nuestros momentos juntos ya eran más experimental. Besos, abrazos, caricias...Nunca llegamos a nada, pues la vida nos llevó por diferentes caminos. Aún así la importancia de esta experiencia, que considero hermosa, dejó en mi una huella para siempre, y por ello estoy muy agradecida.
Hace unos pocos años me enteré que estaba muy enfermo y eventualmente murió. Luego de aprender de su muerte, soñé que miraba yo un árbol alto y frondoso, y bajo ese árbol estaba él junto con dos caballos, uno de los cuales el acariciaba. El otro caballo, me esperaba...para que yo lo montara.
Mi primer amor llegó como una descarga eléctrica que pasó a través de mi joven e inocente atmósfera, llena de energías que chocaron al momento exacto para producir un rayo que marcó mi corazón para siempre, dejando solo la cicatriz de un recuerdo precioso.
Las fases del amor se transforman con el tiempo. ¿Y quien sabe cuantas fases hay, o hasta cuanto tiempo hay?
Lo cierto es que hay un momento puntual cuando uno puede sentir la apertura y el cierre de cada fase. Y justamente hoy desperté pensando lo afortunada que he sido de poder examinar mis sentimientos cual tabla científica, desde un comienzo, para observar cómo mi corazón se ha calibrado con el tiempo. Entre lágrimas y risas he sentido mucho... He sentido profundo.
Recuerdo con detalle el momento cuando conocí a la personita que me introdujo a lo que yo sentí era mi primer amor.
¡Era lindo!
Yo con mis nueve añitos, y de la mano de mis padres conociendo a los nuevos vecinos. Me parece estar allí. Él, con su pelito negro y una sonrisa espectacular. La alegría le salía por los poros. Los ojos pícaros tenían su propia sonrisa. ¡Que ser tan hermoso! Camiseta de rayas, jeans y botitas negras.
Él, lleno de energía pregunta,
-“¿ Puedo jugar con el nene?”
-¡Que yo no soy nene¡ ¡Que soy nena! Dije yo, indignada.
-“Pues nena, ¿quieres jugar?”
Y allí comenzó una amistad linda que eventualmente me llevó a pensar que él era el amor de mi vida. Jugábamos al escondite, volamos chiringa (cometas), inventamos expediciones a otras lugares de nuestro pequeño mapa; un vecindario que nos parecía tan inmenso como el mismo globo terráqueo. Caminamos juntos hasta el fin de nuestro mundo cientos de veces. Hicimos miles de travesuras, aprendimos a bailar juntos, me enseñó a correr a caballo (que era su pasión); éramos inseparables.
Mi primer beso, fue bajo la influencia y presión de nuestra pandilla. Jugando a la botellita que justo se detuvo en él y me tocaba a mi.
¡Mi corazón dio un salto!
Yo...la nena que parecía un nene, a punto de experimentar mi primer beso con el amor de mi vida.
Fue maravilloso y tierno. Con lo tímida que siempre he sido hubiese pensado que sería solo un piquito, pero no. Cara a cara, él, que era dos años mayor, me miró fijo a los ojos, luego de una sonrisa inmensa y desafiante, tomó su tiempo, tocó sus labios con los míos y con delicadeza entró su lengua a mi boca para que las lenguas bailaran juntas. Ese beso inolvidable fue mi primera experiencia de un romance. Ni siquiera Corin Tellado había sacado una novela con todo lo que yo sentí en ese momento de mi corta vida .
Todo esto pasó en tiempos prehistóricos y todavía tiene el poder de hacerme sonrojar. ¡Que potente son las emociones!
Con el tiempo, crecíamos y nuestros momentos juntos ya eran más experimental. Besos, abrazos, caricias...Nunca llegamos a nada, pues la vida nos llevó por diferentes caminos. Aún así la importancia de esta experiencia, que considero hermosa, dejó en mi una huella para siempre, y por ello estoy muy agradecida.
Hace unos pocos años me enteré que estaba muy enfermo y eventualmente murió. Luego de aprender de su muerte, soñé que miraba yo un árbol alto y frondoso, y bajo ese árbol estaba él junto con dos caballos, uno de los cuales el acariciaba. El otro caballo, me esperaba...para que yo lo montara.
Mi primer amor llegó como una descarga eléctrica que pasó a través de mi joven e inocente atmósfera, llena de energías que chocaron al momento exacto para producir un rayo que marcó mi corazón para siempre, dejando solo la cicatriz de un recuerdo precioso.
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