Darío Nervo
Poeta que considera el portal su segunda casa
En un fuego cruzado
en medio de mi orgullo y de su olvido,
estoy,
vulnerable de pensamientos,
el río desesperado de mi sangre
reclama aún el sol de su mirada.
Las balas han pasado
de la noche hasta mi alma
volteando las palabras
que dije cuando todo era poesía.
Una ráfaga gris y lejana
presume su desgracia
en el margen visible de la esperanza.
Un milagro se agrieta treinta veces
y cae inmaduro de sueños
en el último espacio de mi sonrisa.
La ilusión se diseca de angustia.
Nadie sabe como
pero emerjo de mi sombra,
con una mano atada a los recuerdos
y otra sumergida en mi pecho.
Una lámpara quizá se encienda bajo la tierra
donde convergen los llantos,
donde convivo en ocasiones con ella.
Las fábulas no existen,
el amor se evapora
entre tantos disparos y un romance,
las flores no existen,
la risa no existe,
el terrorismo es volver a su pecho;
me enredo en mis dudas,
tropiezo conmigo
y vuelven a caer inocentes,
indefensos, mordiendo el polvo:
mis intentos...
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