nuna
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mis latídos tienen nombre,
levitan profundos y detenidos
como estrellas silbantes
rozando el cuero de la mar.
Ya redoblan mis campanas,
quebrando frias escarchas
sobre las ácidas piedras.
Ya delíran mis inviernos,
marchan moribundos
mezclándose con su propia muerte,
lluvias que mojan y arden
los agrios valles de mi pecho
que ya resbalan por mis dedos.
Ya va naciendo el sol,
evaporando lágrimas caidas
y descuartizando sus lanzas de salitre,
ya relucen las luciérnagas
apagadas por los martirios de tu boca.
Mis latídos ya cabalgan
y la luna los vigila,
son ciclones solitarios
semillas de fragancias mojadas,
flores del viento con alas de plata,
enterrándo cenizas lejanas
allá, en el transparente abismo del alma.
NUNA.