MIS MANOS, CREADORAS DE FRACTALES
Vuelan mis manos ya artríticas
consumando su divina vocación fractálica.
Vuelan buscando las pieles sin mancilla
que se ocultan en las nubes desmedidas
esas nubes que sirven de alimento a las dementes asiladas
intérpretes de músicas arcangélicas.
Lo supe desde siempre que ser fractal era mi sino
(crear un universo nuevo desde las leyes incógnitas de la Belleza)
pero los espejos constreñían mi imagen en sus venenos
Porque ¿quienes de vosotros, mortales de ojos de esfinge
han seguido imperturbables el desarrollo de un fractal,
prodigio comparable al de las tallas en piedra
de los templos de Angkor-Ra,
o el espeluznante despertar de los frondes de un helecho ?
Ahora, habitado por el espíritu de los campos de amapolas
salto del oscuro tranvía del espejo
y cumplo mi vocación y la búsqueda
de la mujer que amo.
Me extiendo, me disemino, me despliego
como el ala de un águila bien plisada
voy esparciendo ósculos rojos
con la simiente de un alma germinal.
Dejo en mi vuelo la estela mirífica de mi pasado de estatua
(ángel condescendido a la humana labra)
cuando los pájaros hambrientos de experiencias
se posaban entre los pliegues de mi túnica
Entonces, allí la esperaba, estático
viendo las hojas del tilo caer plácidamente.
Era el ruido de sus pasos, lánguido bisbiseo
sobre la terca gravilla
los que encendían mis hirsutos dedos marmóreos
que comenzaban a invadir los espacios infinitos
adivinados entre magnolios en flor.
Era ella mi subterfugio de amante
la que envuelta en mis antiguas caricias
todavía restañaba los humores purulentos
que su amor dejó en mi presencia.
Encendida ya la estrella que soportaba mi pasmo
el chuzo del sereno me recordó la ciudad
profusamente dormida alrededor
-eran apenas las tres de la madrugada-
cuando las nubes oxidadas por el alba
transformaban en imanes los ojos planetarios de mi amante.
Mi amante, tenue sollozo, luz de amanecer
disuelta en la lujuria que destilo.
Ay de mí.
Cómo desteje en el día los intrincados ramajes
que laboriosamente le hice brotar en la noche...
Ahora, pudorosos agentes de la autoridad me trasladan
al aula universitaria donde imparto impostoramente
la teoría de los fractales.
Es el caos y yo viajo hacia su origen.
consumando su divina vocación fractálica.
Vuelan buscando las pieles sin mancilla
que se ocultan en las nubes desmedidas
esas nubes que sirven de alimento a las dementes asiladas
intérpretes de músicas arcangélicas.
Lo supe desde siempre que ser fractal era mi sino
(crear un universo nuevo desde las leyes incógnitas de la Belleza)
pero los espejos constreñían mi imagen en sus venenos
Porque ¿quienes de vosotros, mortales de ojos de esfinge
han seguido imperturbables el desarrollo de un fractal,
prodigio comparable al de las tallas en piedra
de los templos de Angkor-Ra,
o el espeluznante despertar de los frondes de un helecho ?
Ahora, habitado por el espíritu de los campos de amapolas
salto del oscuro tranvía del espejo
y cumplo mi vocación y la búsqueda
de la mujer que amo.
Me extiendo, me disemino, me despliego
como el ala de un águila bien plisada
voy esparciendo ósculos rojos
con la simiente de un alma germinal.
Dejo en mi vuelo la estela mirífica de mi pasado de estatua
(ángel condescendido a la humana labra)
cuando los pájaros hambrientos de experiencias
se posaban entre los pliegues de mi túnica
Entonces, allí la esperaba, estático
viendo las hojas del tilo caer plácidamente.
Era el ruido de sus pasos, lánguido bisbiseo
sobre la terca gravilla
los que encendían mis hirsutos dedos marmóreos
que comenzaban a invadir los espacios infinitos
adivinados entre magnolios en flor.
Era ella mi subterfugio de amante
la que envuelta en mis antiguas caricias
todavía restañaba los humores purulentos
que su amor dejó en mi presencia.
Encendida ya la estrella que soportaba mi pasmo
el chuzo del sereno me recordó la ciudad
profusamente dormida alrededor
-eran apenas las tres de la madrugada-
cuando las nubes oxidadas por el alba
transformaban en imanes los ojos planetarios de mi amante.
Mi amante, tenue sollozo, luz de amanecer
disuelta en la lujuria que destilo.
Ay de mí.
Cómo desteje en el día los intrincados ramajes
que laboriosamente le hice brotar en la noche...
Ahora, pudorosos agentes de la autoridad me trasladan
al aula universitaria donde imparto impostoramente
la teoría de los fractales.
Es el caos y yo viajo hacia su origen.
Jackson Pollock: “Sin título”
(Obtenido de Pinterest.)